[ex] infeliz

Creo que fue Tom Wolfe, el de “La Hoguera de las Vanidades”, el que decía en una entrevista algo así como que la indignación es el recurso preferido de los mediocres. Y para mi, alguien que tiene el coraje de ir siempre vestido de blanco, debe albergar en su interior una gran verdad… No obstante, con permiso del señor Wolfe y aun a riesgo de ser mediocre, a mi hay cosas que me siguen indignando, cosas importantes, importantes de verdad…. como los anuncios que ponen en la tele. Concretamente me viene ahora a la memoria un anuncio que promocionaba “La Lotería Nacional”, que recordemos es propiedad del Estado, tal vez lo recordéis: en él una mujer, sin duda pobre de espíritu, paseaba tranquilamente por la playa regodeándose de que ahora era una [ex] asidua de los atascos de la mañana, [ex] escaladora de la cuesta de Enero, [ex] sufridora de un jefe insoportable… y después de muchas sandeces terminaba con un recopilatorio: “ahora soy una [ex] infeliz”. Fundido en negro y punto pelota.

Cambio de párrafo y tomo aliento para hacerme entender: Pero señores del Estado… ¿¡cómo pueden torturar mi frágil mente con afirmaciones como esta!? Y es que no hay que analizar mucho esta perla para llegar a la conclusión de que debo comprar Lotería Nacional para tener una posibilidad de escapar de mi horrible vida y así con suerte alcanzar la felicidad. Esa asquerosa vida que nunca esta de más recordar, es con la que pago sus impuestos y por extensión sus sueldos.

Un mensaje tan atroz me lo esperaría de los ciegos de la ONCE, que por alguna razón aunque en los anuncios salen muy contentos luego en la vida real están todos de muy mala lecheNo cometas nunca el error de ayudar a un ciego si no te lo ha pedido y si te lo ha pedido… tampoco, aprovecha tus ventajas y escapa sigilosamente. Aun recuerdo un día que casi me pega un ciego por no saberle indicar donde estaba la farmacia más cercana; y el caso es que yo lo sabía, pero a ver cómo le dices a un ciego cual es la manera de llegar a un sitio… Pónganse Uds. en mi lugar, imagínenme ordenando mi mente para no incluir ninguna referencia visual: “¿Ve usted el cartel rojo grande?”, no así no… “Cruce Ud. ésta calle y cuando vea una glorieta….”… Nada, así tampoco… Vamos, ¡es que es imposible!.

Pero dejando aparcado este tema, como venía diciendo: los ciegos entendería que fueran así de crueles… también lo entendería de los publicistas al servicio de las ONGs, especializados en hacernos sentir culpables en plena sobremesa: que si malaria, que si fiebres hemorrágicas, que si leprosos… Vamos que yo lo siento mucho, pero todo esto comiendo o descansando de mi “infeliz vida”, en palabras del Estado… pues como que no, porque uno siente algo así como una especie de reconcome en el interior, una mezcla de culpa, seguido de asco y luego otra vez culpa por haber sentido asco. Dejemos este tema zanjado: Admito ser culpable de que todo el mundo muera a mí alrededor, tomen Uds. mi PIN y saquen todo el dinero de mi cuenta o mejor aun: reténganmelo directamente de la nómina bajo el epígrafe “Cotización por Presunción de Inocencia” y así estará todo agrupado, junto con la “Retención por IRPF” de los que me llaman “Infeliz”.

Señores de las más altas esferas públicas, tomen buena nota de mi enfado y del temor que siento al plantearme las siguientes preguntas: ¿A que funcionario corrupto se le ha ocurrido una campaña publicitaria de tal bajeza? Que de un paso al frente el culpable, o en su defecto un paso atrás los inocentes, que tengo que plantearle una segunda pregunta: ¿Acaso va Ud. a comisión? La pregunta queda en el aire porque el tiempo apremia y tengo que organizar un levantamiento protesta.

Españolito de a pie, deja de mandar SMSs y ¡rebélate de una vez! ¡Rebelémonos todos! Hagamos algo drástico, no sé, yo propongo un suicidio en masa… Nada de huelgas de hambre, ni medias tintas, eso es demasiado lento… cortémonos todos las venas en pleno Centro…. y nada de mariconadas, un corte a lo largo, de la muñeca al codo, todo el antebrazo al descubierto, algo irreversible, premio especial al que se atreva con la femoral a lo Paquirri y si algún valiente se va a cercenar la yugular que se ponga delante y que intente salpicar a todos los de la prensa. Dejemos que la sangre brote y hable por nosotros, que brote generosamente, que descienda la Gran Vía y llegue a La Cibeles, enseñemos a estos políticos que con nosotros no se juega y a ver quien es el guapo que limpia luego el estropicio.