Chica, eres tan guay que disculpa si vomito

Hace ya varios días que fui a ver Death Proof de Quentin Tarantino y la verdad es que me gustó bastante… sobre todo ese giro argumental en el que se invierten los papeles de víctima y verdugo (algún día hablaremos aquí largo y tendido sobre el triángulo de Karpman).

No obstante hay algo enfermo en el Women´s Power de Death Proof… y es que las chicas de Tarantino no son excepcionales, más bien son lo único medianamente pasable entre la decadencia que las rodea y termina salpicando. Los hombres quedan rebajados a calzonazos mendiga-polvos resultando como poco paradójico que el único `no-baboso´ medianamente decente de la película sea el asesino.

Por otra parte, las super heroinas de la película son una pareja de machorras -a las que sólo les falta mear de pie- acompañadas de una tercera lechuguina… que bien podría haber sido sustituida por un Yorkshire Terrier de esos tipo Toy.

Tarantino convierte a la mujer en hombre y al hombre en perro, y si bien en esta evolución la mujer en relación con el hombre no es la más perjudicada… el resultado tampoco es como para lanzar cohetes.

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