14 de marzo, 2010

Nicolás y el Huerto Urbano
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Nicolás llevaba ya tres meses de baja, desde que un día de lluvia perdiese un ojo por culpa de un maldito paraguas y una señora demasiado gorda y demasiado baja.
Durante la rehabilitación había estado ocupado pensando en a qué iba a dedicarse a partir de ese momento… hasta la fecha había llevado un vida dispersa como piloto de una importante aerolínea, sin muchas preocupaciones, siempre de una orilla del océano a la otra. Pero su nueva condición de “tuerto” había truncado su carrera por completo; el seguro le mantendría con vida y no pasaría necesidades, pero ¿qué iba a hacer a partir de ese momento? Repasando su vida sólo veía un sucesión de destinos, hoteles, caprichos caros y mujeres inestables.

Mientras reconducía su existencia hacia sabe Dios donde, Nicolás se suscribió a una colección de esas de los kioscos sobre “Huertos de Ciudad y Agricultura Doméstica”… y semana tras semana parecía cogerle el gusto a eso de recibir nuevas semillas o a tener que desplazarse hacia alguna tienda para comprar tierra, macetas hidropónicas o una nueva regadera… Teniendo en cuenta que había elegido al azar con una moneda entre esa colección y otra sobre “Dedales pintados a mano” sin importarle en absoluto el resultado, esta nueva afición le había sorprendido hasta a él, que nunca había tenido hobbies más allá del compartir cervezas con los amigos.

El huerto urbano de Nicolás progresaba y ya ocupaba prácticamente toda su terraza y si no fuera porque el jacuzzi de los pecados de su anterior vida era de obra, hubiera aprovechado también ese espacio. Hasta la fecha ya había plantado hierbas aromáticas, moras, fresas, patatas, pimientos… parecía que nada se resistía a sus nuevas habilidades adquiridas y hasta se había construido un pequeño invernadero para vencer las limitaciones climáticas de su ciudad. Incluso un tuerto como él era capaz de admirar el vergel que había conseguido crear de la nada, en lo que antes era sólo una inerte terraza repleta de muebles de exterior de diseño.

Una calurosa tarde en la que Nicolás prestaba especial atención a una de sus fabulosas tomateras ecológicas que con tanto mimo cuidaba, le echó el ojo – el único que tenía- a un insolente insecto que aprovechando su ensimismamiento se había posado sobre una de sus queridas plantas…. Así que en silencio, lentamente, deslizó su mano hacia el zurrón de herramientas y tanteó su interior hasta encontrar el mando del instrumento que necesitaba, después… en un abrir y cerrar de ojo… Nicolás blandió con fuerza su brazo y aplastó con un certero golpe de cazamoscas al maldito bicho.

Sí, Nicolás acababa de matar a la mosca blanca Richarta.

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simplicity
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Receive with simplicity everything that happens to you.רבי שלמה יצחקי Rashi...

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