Yo pa' ser feliz quiero un camión

Hoy estuve conduciendo por Madrid una Mercedes Sprinter y ha sido una de las cosas más divertidas que he hecho en mucho tiempo.

Hoy estuve conduciendo por Madrid una Mercedes Sprinter y ha sido una de las cosas más divertidas que he hecho en mucho tiempo.

Creo que la versión que me han dejado conducir era la compacta que tiene unos 7,5 m³ de capacidad de carga, aunque ahora que reviso la web para buscar la foto de este post… puede que fuera las Standard, algo más larga y que se va a los 9 m³… el caso es que alguien como yo, con un modesto carnet de conducir tipo B, es capaz de ponerse al volante de un bicharraco como este y conducirlo sin mayores problemas.

¡Qué éxito de usabilidad! Al final todo estaba donde esperabas que estuviera: el freno de mano, las luces, la palanca de cambios… asi que no tienes que perder el tiempo aprendiendo cosas nuevas y puedes centrar toda tu atención en lo realmente importante: hacerte con el cambio de tamaño del vehículo y adaptarte a conducir a más altura.

Siempre que veo la cantidad de gente que es capaz de conducir un coche me maravilla lo que ha sido capaz de conseguir la industria de la automoción, han logrado hacer accesible algo complejo. Piénsalo, cualquiera es capaz de sentarse en un coche y conducir ¡a más de 100 km/hora!… ¿en cuánto tiempo ha sido posible este prodigio? Apenas han pasado 125 años desde que Karl Benz invetará el primer automóvil (1886) y cien años desde que Henry Ford pusiera en marcha la primera cadena de montaje de fabricación de vehículos `en masa´

Pienso en esa centena de años y luego como la cabra que tira el monte, miro hacia las páginas webs… veo lo que hemos recorrido y pienso en todo lo que nos queda por conseguir hasta que cualquier persona sea capaz de navegar por Internet, instalar un escáner, un procesador de texto o configurar su ADSL sin tantísimos problemas como en la actualidad.

Desde mi punto de vista el AJAX y próximanente HTML5 suponen un enorme avance ya que consiguen tender un puente de unión entre las Aplicaciones Web y las Aplicaciones de Escritorio… y eso más allá de florituras varias supone hacer ahorrar tiempo de aprendizaje al usuario, que en teoría si maneja ya un Word, un Excel o algo similar, debería de ser capaz de utilizar todas las funcionalidades básicas de casi cualquier aplicación web… y si no lo consigue, es que la aplicación está mal hecha.

Es el programador o diseñador de la aplicación el que debe cuestionarse la calidad de su trabajo y no echar la culpa al usuario pretendiendo que evolucione, porque por mucho que nos pese: el usuario casi siempre tiene la razón.

Luego, claro está, existen otras muchas circunstancias… a veces programar una aplicación como `debería hacerse´ supondría invertir en ella un número de horas que el cliente no está dispuesto a pagar. A veces una parte de la aplicación va a ser utilizada por tan pocas personas (Mantenimiento, Administración, Paramertrización…) que te resulta más rentable formarlas para que sean capaces de entender `esa complejidad´ que invertir en horas de programación para conseguir soterrarla.

En definitiva: el mundo idílico que podíamos ser capaces de conseguir a través de la informática a veces simplemente no se puede realizar porque no es rentable. Otras veces no es problema de presupuesto, es simplemente una combinación de soberbia, ineptitud y desidia… y eso si que es triste, hacer chapuzas cuando hay dinero para hacer las cosas bien. Líbreme Dios de todo ello… y deme tiempo para poder fabricar algún días la Mercedes Sprinter de las aplicaciones web.