Marcas que me marcaron: Scalextric

Cuando cumplí los seis años me compraron un Scalextric, no sé si tenía exactamente esa edad, ni quién me lo compró, tampoco sé a ciencia cierta si era mi cumpleaños… sólo sé que tenía uno.

Me sentía importante montando el Scalextric, ensamblando todas esas pistas de plástico rugoso para finalmente enchufarlas al transformador con esos cablecillos… uno se sentía todo un tío, como si estuviera haciendo un puente a un coche. Cierto es que no era tan poético como lo de montar el Ibertren pero era mucho más emocionante porque se podían hacer carreras.

Aunque para hacer carreras y competir necesitas amigos y yo a los mios los conocí en Albacete.

Recuerdo que los hermanos de Pablo tuneaban a precios competitivos coches de Scalextric, les aligeraban la carrocería o les desconectaban el 4×4 para que corrieran mucho más. Para mi los hermanos mayores de Pablo eran lo más, entre otras muchas cosas porque tenían una escopeta de balines y uno de ellos practicaba el tiro con una mosca viva capturada y pegada con celo a una papelera. Esto a mi Pablo me lo contó como un secreto. Sí, sí… era un poco cruel, pero por aquel entonces la vida era dura, los gitanos te atracaban por la calle y uno para ser respetado tenía que tener un lado oscuro.

Aun recuerdo el día en que mi Scalextric dejó de funcionar y mi transformador empezó a echar un liquido raro… yo fui a tocarlo y Pablo me lo impidió “¡qué haces, no lo toques!”… sus palabras no habían terminado de reverberar en la habitación cuando el transformador explotó. Más que una explosión fue un chispazo aparatoso, pero eso daba igual, la historia ya estaba escrita: desde aquel día conservo oficialmente mi mano gracias a Pablo.

Pero este post no va a ser sólo un compendio de anécdotas y momentos felices, como los hermanos de Pablo esta historia también tiene su lado oscuro y es que he de confesar algo: aunque yo tenía un Scalextric lo que realmente deseaba era un TCR porque los coches eran capaces de cambiar de carril.

No entiendo como Scalextric todavía no ha superado esa gran limitación, yo creo que para no tener que hacerlo lo han convertido en su `sello de identidad´, ahora al parecer tienen una cosa rara que se llama slot digital con el que se puede cambiar de carril pero sólo en unos determinados puntos del circuito:

Para terminar diré que nunca fui muy habilidoso jugando al Scalextric, mi estrategia se basaba en apretar a tope el mando y en rezar para que el coche no se saliera en las curvas. No era la mejor de las tácticas, pero al menos tenía una.