archivado en Vida
Este fin de semana aprovechando la quedada del Reto Blogger una buena parte de los participantes aprovechamos para batirnos en una encarnizada lucha de paintball. Mi actuación fue bastante normalita y pude combrobar que mi forma física distaba mucho de poderse considerar `perfecta´, al finalizar la segunda partida intenté rajarme... pero como no me dejaron sobrevivi lo suficiente para saborear la victoria, que duró poco, al menos para mi.

Salvando las distancias, con el paintball -tal vez- consigas llegar a rozar algunas sensaciones que puede tener un soldado en el campo de batalla. Cargado con las protecciones, los guantes, un mono de camuflaje militar y una asfixiante máscara encajada en la cabeza, agotado, empapado en sudor e intentando controlar la respiración para no delatar tu posición entre la maleza... paranoico, escuchando ruidos donde sólo hay silencio, percibiendo movimientos donde sólo existe quietud.
Uno puede entender porque los marines americanos atacan por las noches, protegidos por la oscuridad, aprovechando la relativa ventaja que les ofrecen sus equipos de visión nocturna. Si yo pudiera elegir nunca iría a la guerra, porque en el paintball falta algo, falta el miedo, el terror que hace que se te agarroten los músculos, que vomites y te mees encima, falta la atrocidad de las heridas abiertas y el olor de la sangre que lo impregna todo.
Aunque no sentimos nada de eso yo pensé en ello, escondido detrás de un árbol, acechando a los enemigos entendí porque en las guerras se deben poner hasta arriba de todo tipo de drogas y porque los soldados vuelven locos, con la mirada perdida; pensaba en eso y en el calor agobiante; pensaba en los ataudes cubiertos de banderas americanas que regresan a casa de todas partes del mundo... ahí estaba yo, consciente de todo lo que me rodeaba, sediento, asfixiado por el calor, sintiéndome más vivo que nunca y entonces....
... bang ...
Domingo, un compañero de mi propio equipo me disparó a la pierna
No le sobrecoge el temor, simplemente es más consciente de todo cuanto le rodea. El aire, frío en sus pulmones. Los pinos, que mecidos por el viento se estrellan contra la apremiante noche. Su pulso es firme, su forma física, perfecta.
300, la película
Este fin de semana aprovechando la quedada del Reto Blogger una buena parte de los participantes aprovechamos para batirnos en una encarnizada lucha de paintball. Mi actuación fue bastante normalita y pude combrobar que mi forma física distaba mucho de poderse considerar `perfecta´, al finalizar la segunda partida intenté rajarme... pero como no me dejaron sobrevivi lo suficiente para saborear la victoria, que duró poco, al menos para mi.

Salvando las distancias, con el paintball -tal vez- consigas llegar a rozar algunas sensaciones que puede tener un soldado en el campo de batalla. Cargado con las protecciones, los guantes, un mono de camuflaje militar y una asfixiante máscara encajada en la cabeza, agotado, empapado en sudor e intentando controlar la respiración para no delatar tu posición entre la maleza... paranoico, escuchando ruidos donde sólo hay silencio, percibiendo movimientos donde sólo existe quietud.
Uno puede entender porque los marines americanos atacan por las noches, protegidos por la oscuridad, aprovechando la relativa ventaja que les ofrecen sus equipos de visión nocturna. Si yo pudiera elegir nunca iría a la guerra, porque en el paintball falta algo, falta el miedo, el terror que hace que se te agarroten los músculos, que vomites y te mees encima, falta la atrocidad de las heridas abiertas y el olor de la sangre que lo impregna todo.
Aunque no sentimos nada de eso yo pensé en ello, escondido detrás de un árbol, acechando a los enemigos entendí porque en las guerras se deben poner hasta arriba de todo tipo de drogas y porque los soldados vuelven locos, con la mirada perdida; pensaba en eso y en el calor agobiante; pensaba en los ataudes cubiertos de banderas americanas que regresan a casa de todas partes del mundo... ahí estaba yo, consciente de todo lo que me rodeaba, sediento, asfixiado por el calor, sintiéndome más vivo que nunca y entonces....
... bang ...
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