Disfrutar comiendo pequeñas cantidades

Recuerdo que uno de mis veranos en Irlanda, la madre de mi familia llamada Ashraf (nombre de origen árabe que significa `la más honorable´) me hizo la siguiente pregunta: si te dieran a elegir entre una cucharadita del helado más delicioso que hayas probado en tu vida o dos bolas de un buen helado ¿qué elegirías? Yo opté rápidamente por la segunda opción sin embargo  ella me explico que sin duda elegiría la primera.

Por aquel entonces yo resumí mi postura con un `yo prefiero cantidad a calidad´ y es una postura que he mantenido con orgullo hasta hace bien poco…

Pero dejarme que os cuente otra anécdota de mi familia irlandesa, recuerdo que guardaban celosamente en el mueble del salón una bolsa con pistachos traídos de Irán (ellos eran persas, de aquellos que escaparon en la época de Khomeini)… muy de vez en cuando la abrían, repartían dos ó tres y la volvían a guardar. Esto para mi era toda una novedad, por aquel entonces en mi casa casi siempre teníamos pistachos y los comíamos a puñados, confieso que pensaba que eran un poco tacaños, pero ahora con el tiempo he cambiado de opinión.

Y es que muy recientemente me he dado cuenta de una cosa: la primera unidad es la que mejor sabe. Piensa en una tostada, recién salida del tostador, con su mantequilla por encima… das el primer bocado y te sienta de maravilla, unos cuanto más y ya te la has terminado, y piensas ¡voy a hacerme otra! Pero aunque reproduces el ritual de preparación al detalle, la siguiente ya no sabe igual. No es que esté mala… pero no sabe igual de bien.

Es como la primera vez que haces manitas con una chica, es lo mejor del mundo… pero sólo la primera vez.

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Haz el experimento y presta atención a tus sensaciones, no vale estar comiendo al tiempo que ves la tele o navegas con el iPad… dedica plenamente tu atención al acto de comer, haz la prueba a ver si te pasa lo mismo. Es algo que se nota con mayor intensidad con los alimentos especialmente sabrosos, con el picoteo, las tapas… etc.

Para mi ha sido todo un descubrimiento, tanto es así que me sorprendo a mi mismo buscando la bolsa de pistachos en la despensa para luego sólo tomarme dos o tres: me he convertido en mi familia irlandesa.

En la últimas semanas estoy intentando adoptar el hábito de llevarme un snack a la oficina que me suelo tomar entre las 12:00 y 12:30, las cantidades son tan pequeñas que son testimoniales. Intento combinar dos o tres de estas cosas: frutos secos (pistachos, almendras), algo de proteína (dos lonchas de pavo, jamón york, jamón serrano), algún producto lácteo (queso, yogur), a veces frutas (mandarina, fresas), una tortita de arroz o maíz.

Para que os hagáis una idea de las cantidades mi mujer compró unos botes con tapa JÄMKA en IKEA de 0,3 litros de capacidad y quedan llenos a bastante menos de la mitad con cada snack.

jamka-bote-con-tapa__0110363_PE260603_S4 Aun así disfruto de mi snack como un enano y creo que gracias a este pequeño aperitivo no llego con tanta hambre a la comida. Hoy sin ir más lejos he comido un montón de veces:

  • A las 07:00 de la mañana un zumo de naranja recién exprimido y una tostada integral con mantequilla.
  • A las 10:00 el desayuno, pulga de tortilla francesa con queso y un café con leche.
  • A las 12:30 el snack: dos lochas de pavo, una tarrina de queso de Burgos y una tostada de arroz.
  • A las 14:15 comida
  • A las 18:00 otro snack: un yogur con frutas de esos nuevos que llevan proteína y unos  cuatro o cinco pistachos.
  • A las 20:15 cena o mini-cena.
  • Ahora son las 23:11 y me está entrando `gusa´… así que me voy a tomar un kiwi.

En definitiva un porrón de comidas, pero todas… salvo la comida, bastante moderadas en cantidad. Incluso hoy pasó algo inaudito en mi, mi mujer me ofreció durante la comida uno de sus filetes y ¡¡¿¿ lo rechacé ??!!.

Eso para alguien como yo, que viene de una cultura del comer hasta reventar, que me he criado con las anécdotas de mi padre en las que nos contaba como su madre les tenía que echar a palos de la cocina porque si se descuidaban empalmaban la comida con la cena… Yo, el del buen comer, el que nunca se deja nada en el plato para alegría de mi madre y suegra… ¿¡rechazar un filete!? Inconcebible, un milagro.

Así que os recomiendo hacer la prueba de comer menos cantidad y más veces al día, a ver si os pasa lo mismo que a mi… algo muy relacionado con una entrada que escribí hace unos años sobre usar platos y vasos más pequeños en la cocina.

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