El verdadero amo de tu mente

Este fin de semana he estado enfermo, no sé si ha sido un resfriado o algún otro regalo que se ha traído mi hija de la guardería… el caso es que el viernes ya me noté sin fuerzas en el gimnasio pero no le di mucha importancia, pensé que me había sentado mal la comida, hasta la tarde del sábado en que empecé con los temblores y escalofríos, durante todo el domingo lo único útil que he podido hacer ha sido jugar a la PS4 y arrastrarme de sillón en sillón.

Ya el lunes seguía hecho una piltrafa, de hecho decidí vestir a mi hija sentado por si me daba un mareo y nos caíamos los dos al suelo, pero bueno conseguí ponerme en marcha, llevarla a la `guarde´ andando despacito y desplomarme en la silla de la oficina para sacar adelante algo de trabajo. Mágicamente por la tarde noté una tremenda mejoría y hoy martes, me siento bastante bien… de hecho incluso un poco eufórico por el efecto rebote.

Durante unas 48 horas un virus microscópico o similar ha tomado el control de mi cuerpo de mamífero evolucionado, ha alterado mis rutinas, mi sentido del humor, mis horas de sueño, mi apetito…  Es difícil no encontrar cierta analogía con la excelente charla del científico Ed Yong para TED, en la que explica como pequeños parásitos son capaces de controlar la mente y el comportamiento de sus víctimas en su beneficio, como por ejemplo un gusano que parasita a un grillo es capaz de obligarle a lanzarse al agua, pese a que ello supone su muerte segura… momento que aprovecha el gusano para emerger del interior del grillo “a lo alíen” y continuar con su ciclo de vida.

La idea de una parásito, virus, bacteria que tome el control de nuestro ser, que ponga fin a nuestro “supuesto” libre albedrío simplemente da miedo…. y fijaros que pongo “supuesto” libre albedrío entrecomillas, porque quien me asegura que mi comportamiento habitual no sea el resultado de otro parasito o de la oxidación de mi ADN… a lo mejor mi optimismo natural no es un rasgo de mi carácter sino una secuela de alguna enfermedad que pasé en la infancia.

¿Realmente soy yo el verdadero amo de mi mente? ¿Realmente importa?

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