Pues va a ser verdad que soy un hombre egoísta

Estaba yo cortándome el pelo hace ya un porrón de meses cuando salió el tema de hombres vs mujeres: mi querida peluquera Beatriz, que evidentemente trata de tú a tú con muchísimas más personas que yo, me explicó que la queja más recurrente de las mujeres hacia los hombres era “que los hombres son unos egoístas” (y un poco cabrones)… y que en sentido contrario -de los hombres hacia las mujeres- solían ser temas relacionados con el umhmm umhmm -me dijo entredientes- como quien habla con alguien que ya sabe de sobra de lo que estás hablando, supongo que se refería algo relacionado con el sexo.

chanel-egoistePero dejando para otro momento lo “seSual”, me centraré en lo del egoísmo… “¡No seré yo!” – pensé-, “¡eso deben ser otros!”.

Un buen padre y marido como yo, que pasa tantas horas con sus hijos y todo el mundo le bendice con sus miradas de “qué buen padre eresestoy seguro de que no es un egoísta.

“Eso serán otros” -pensé- los que se van con los amigotes y le dejan a la mujer con todo el pastel, o los que extienden con pillería la jornada laboral para ver si cuando vuelven a casa ya están los peques en la cama, o los infieles que van por ahí haciendo el golfo… está claro que yo no soy egoísta.

Así que el tema lo aparqué en algún rincón inhóspito de mi mente… listo para morderme con rabia cual cepo escondido en la maleza más adelante.

Y efectivamente, pocos días después estaba yo vigilando a los peques mientras mi mujer improvisaba una de esas cenas rápidas que son las únicas que ahora nos da la vida para hacer (nada que ver con los manjares de cuando éramos novios y teníamos tiempo hasta para ordenar alfabéticamente los CDs en la estantería), mi mujer nos llamó a la mesa… y comencé con el ritual: apagué la tele, cogí a los dos vástagos en brazos, senté al bebé en su trona, a la pequeña en su silla, babero para arriba, “papá asércame a mesa”, “no tanto papá, mu mal”, “ese babero no gusta, el rosa… sí, ese me gusta”… en fin, ¡que os voy a contar!

Total que finalmente empezamos a comer y descubro que no tengo vaso de agua, así que contrariado -por supuesto no con mi mujer que bastante hace- sino con lo injusto que es el mundo con los padres de hoy en día, me levanté con resignación, abrí el armario, cogí el vaso, lo llené de agua y volví a la mesa. Muy satisfecho de mi templanza, de mi buen talante, de mi capacidad de vencer las adversidades sin dejar escapar las más mínima injusta queja.

Ahí estaba yo, un buen padre y mejor marido. ¿Adivináis lo que pasó después? Puede que alguna mujer sí…

Pues que según me sentaba yo en la mesa, se levantó mi mujer, cogió tres vasos del armario: uno para el bebé, otro para la niña y otro para ella… los llenó de agua y los llevó a la mesa. Sin hacer la más mínima mueca ni reproche… y yo que observo toda la escena como a cámara lenta pienso:

pues va a ser verdad que soy egoísta…

Enfrascado en mis tribulaciones, obcecado en mis tragedias… no se me había ocurrido levantar la cabeza y mirar si a alguien más le faltaba el agua. Simplemente me levanté y solucioné mi problema.

En mi defensa lo único que puedo decir es que al menos pude salir de mi “burbuja” el tiempo suficiente para darme cuenta de lo que había pasado, pedirle disculpas a mi mujer y que desde aquel momento he procurado que no vuelva a pasar (aunque reconozco que me ha vuelto a pasar en alguna otra situación).

Por favor que nadie se quede en la anécdota, creo que esto es algo relevante a lo que he dado muchas vueltas desde aquel día… cosas como ésta rompen parejas, porque los hombres a veces nos quedamos “enganchados” mentalmente en nuestras necesidades no cubiertas y no nos damos cuenta de que al otro lado hay una persona que no sólo no tiene tampoco cubiertas sus necesidades sino que además las relega a un segundo plano y las pone muy por detrás de las necesidades del resto de la familia.

No estoy diciendo que los hombres seamos unos monstruos, nada más lejos, de hecho pienso que somos generosos por naturaleza: como cualquier padre soy el primero que me apunto a pasar tres noches sin dormir porque el bebé tiene mocos y no puede respirar, mi hija me roba toda la comida del plato y ni me inmuto, intento ser buen padre, quiero a mi mujer, adoro a mis hijos… pero a veces soy egoísta y simplemente no me doy cuenta de que lo estoy siendo.

Puede que sea algo que nos viene de millones de años atrás cuando los hombres salíamos a cazar y las mujeres se quedaban cuidando en comunidad de los hijos, recolectando bayas silvestres, protegiendo el fuego… no lo sé. Pero yo creo que hay algo ahí que sale de lo más profundo de nuestro ser, de nuestro cerebro de reptil, que nos impulsa a cubrir nuestras necesidades antes que nada.

Tal vez es un tema de educación. No lo sé.

Relacionado con esto hace muchos años vi un documental sobre una ONG que ofrecía micro-préstamos en la India, el funcionamiento era algo parecido a esto: te prestamos 100$, con ese dinero te compras una máquina de coser, con tu trabajo de costura nos devuelves el dinero en pequeñas cuotas… y con mucho esfuerzo consigues poco a poco salir adelante. El caso es que los responsables de la ONG comentaban que en la actualidad se habían resignado a que sólo podían prestar dinero a las mujeres, ya que habían observado que además de ser bastante más cumplidoras, cuando una mujer prosperaba lo hacía toda la familia e incluso toda la comunidad próxima: la mujer enseguida que empezaba a ganar algo de dinero luchaba porque sus hijos volvieran a la escuela, prestaba dinero a sus vecinos, contrataba a otros para que la ayudaran. Mientras que su experiencia con los hombres había sido muy diferente: la riqueza no se distribuía, el hombre progresaba, se compraba mejor ropa, zapatos nuevos… eso si no caían en la tentación de gastarse el dinero en alcohol y terminaba por no poder devolver el préstamo recibido.

Tampoco es cuestión de dramatizar, creo que es algo que los hombres podemos mitigar estando atentos y poniendo de nuestra parte para controlar ese ramalazo que a veces sale a la superficie y que se manifiesta de muchas maneras.

8 opiniones en “Pues va a ser verdad que soy un hombre egoísta”

  1. Aunque no creo que ese “tipo” de egoísmo sea propiedad exclusiva de los hombres, sí que puede ser que en muchos casos la educación recibida les haga pensar más en satisfacer sus necesidades sin reparar en lo que les rodea. Muchas veces, cuando le pregunto a mi marido que qué cenamos su respuesta aún es “yo con X me conformo” o “a mí me vale Y”. Y, simplemente, no se da cuenta. Sólo hay que abrir los ojos un poco y hablar las cosas. Que si vamos a señalar, las mujeres tendemos a quejarnos por cosas que no hemos intentado solucionar…

    1. mi mujer opina que no se puede llamar “egoismo” porque es totalmente inconsciente.

      es más parecido a una predisposición genética a pensar primero en un mismo 🙂

      pero vamos… que con estar un poco “despierto” uno se da cuenta perfectamente y lo puede corregir, así que no tenemos excusa para perseverar en el error

  2. Yo también soy un egoísta, cuando tengo mi paquete de donettes no le ofrezco a nadie porque siempre pienso “para que voy a ofrecer si no voy a dar.” 🙂

  3. Creo que es cierto que hay muchos patrones que se repiten hombre/mujer,darse cuenta es todo un logro.Yo por si acaso se lo voy recordando a mi marido, aunque no tiene muy buena acogida….será verdad que siempre nos quejamos…… 😉

  4. Jajaja… Con los cd’s ordenados por orden alfabético me he reido mucho… Ahora en el dvd de la boda de mi hermana puede que encuentre algun capítulo de los teletubbies… Jajaja… Por lo demàs… Mejor callo… Mi marido es carnaza para tu bloc, jajaja

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