Adictos al drama: viviendo en una telenovela

La vida en ocasiones puede ser un poco anodina, al fin y al cabo no todo el mundo puede ser un agente encubierto de la CIA, ni tomar decisiones a diario de las que dependan la vida de millones de personas… para los comunes mortales como un servidor, todo en general viene siendo bastante cotidiano.

Así que resulta tentador eso de añadir un poco de sal a la vida, en forma de “drama”… que básicamente consiste en intentar convertir tu vida en una telenovela con entregas diarias y especiales de fin de semana. Con este objetivo claro en la mente, llega el momento de hacer el casting y reclutar al resto del reparto… si quieres una buena telenovela deberás ir sumando a tu entorno la gente más disfuncional que vayas encontrando por el camino, porque reconozcámoslo la gente `normal´ puede ser a veces un poco aburrida… y tú necesitas personajes en las que cale tu drama y a ser posible reverbere con fuerza.

Los hay de muchos tipos, no tienen que ser sólo los locos y locas del barrio… a veces son personas aparentemente racionales y con los pies en la tierra, que continuamente intentan hacer entender al dramaturgo que ese camino no es lo que más le conviene, son los que te dicen que debes entrar en razón, los que te recomiendan la buena senda, los que se esfuerzan en sacarte de tus errores, los pepitos grillo, los Wilsons para el Dr. House… son o debería decir mejor “somos” los rescatadores, tan peligrosos como cualquier otro del reparto, incluyendo a la reinona que a la mínima amenaza con tirarse por la ventana.

Ser rescatador te hace sentir importante, todos están tan equivocados y necesitan tanto que tú les saques de sus errores. Termina el día y parece que has hecho algo… aunque realmente no lo has hecho, sólo has perdido el tiempo, mañana se levantara de nuevo el telón y habrá que interpretar de nuevo otra obra, con otros espectadores, mismo guión… día tras día.

Tu tiempo se te escurre de las manos y con él tus sueños, tus proyectos… cualesquiera que sean –nimios o trascendentales– se te escapan viviendo intensamente las vidas de otros, refugiado en tu zona de confort… protegido por todas las lineas rojas que te has trazado a tu alrededor y que te convences a ti mismo que no debes cruzar.

Con el tiempo te vuelves un yonki de todo ese drama que te hace sentir vivo en tu inexistencia, como adictos son el resto de personajes de esta gran obra que ya no recuerdas ni quién concibió ni quién la orquesta.

Pero un día pasa algo… tal vez tocas fondo, como un borracho que se despierta en el baño de un desconocido cubierto de su propio vómito, con los pantalones meados y en la mano el frasco de colonia que se bebió en un momento de desesperación. O simplemente estás perfectamente aseado en tu oficina de siempre con el horrible hilo musical sonando de fondo y entendiendo que no puedes culpar a los demás de que tú seas tan cobarde. Entonces despiertas y tomas una pequeña decisión, aparentemente insignificante… pero fuera de ese guión preestablecido.

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