42 latas de mejillones al natural

El jueves pasado estuvo Pablo «el Faro» de visita fugaz por Madrid y se pasó por mi casa, yo le ofrecí mejillones de aperitivo… y mi mujer no dudó en aprovechar la oportunidad para comentar con cierta sorna «sí, eso… ofrécele mejillones que aun nos deben quedar de las 42 latas que compraste«.

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El ambiente obesogénico y nuestros hijos

Halloween está a la vuelta de la esquina, la guardería de mi hija ya hace tiempo que está decorada con motivos fantasmagóricos, el viernes toca ir disfrazado a clase y dar muchos sustos.  Todos sabemos que hace unos años esta fiesta no existía en España, la han conseguido traer desde EE.UU…. junto con alguna otra cosa que da un más miedo: la obesidad infantil.

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Yo era muy delgado hasta que me cambió el metabolismo

¿Habéis escuchado antes esta frase? Es una de esas historias que se repiten una y otra vez en los gimnasios junto con la descripción pormenorizada de todas las proezas gimnásticas cosechadas por el individuo en cuestión durante su juventud: que si en la Universidad yo corría 10 kilómetros todas las mañanas, que si en la mili yo pesaba tanto y comía un montón, que si fui campeón de atletismo… hasta que me cambió el metabolismo, ahí es donde se torció la cosa.

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La sociedad super-size y las bolsas de gusanitos

La mayoría de los humanos no somos especialmente buenos a la hora de detectar la sensación de estar «saciados» o lo que es igual «ya has comido suficiente, deja de comer». De pequeños nos enseñaban a que uno ha terminado de comer cuando ha vaciado el plato que le han servido, así que no tienes que pensar mucho, si aun hay comida en el plato tienes que seguir comiendo.

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Disfrutar comiendo pequeñas cantidades

Recuerdo que uno de mis veranos en Irlanda, la madre de mi familia llamada Ashraf (nombre de origen árabe que significa `la más honorable´) me hizo la siguiente pregunta: si te dieran a elegir entre una cucharadita del helado más delicioso que hayas probado en tu vida o dos bolas de un buen helado ¿qué elegirías? Yo opté rápidamente por la segunda opción sin embargo  ella me explico que sin duda elegiría la primera.

Por aquel entonces yo resumí mi postura con un `yo prefiero cantidad a calidad´ y es una postura que he mantenido con orgullo hasta hace bien poco…

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