Matrimonios anticuados

Dos divorcios muy cercanos: el de mis vecinos y el de mi mejor amiga me han llevado a plantearme hasta que punto la institución del «matrimonio» se nos ha quedado un poco anticuada o si se podría mejorar de alguna manera.

El problema yo creo que radica en que uno se casa (normalmente) antes de tener hijos… que es como hacerlo justo antes de hacerte una lobotomía o cualquier otra intervención cerebral donde no sabes si saldrás del quirófano siendo la misma persona.

La paternidad cambia las prioridades de los padres, los peques pasan a estar arriba del todo y el resto de cosas no mantienen necesariamente el orden previo. Si ya sabemos que esto va a pasar, tal vez sería una buena idea posponer lo de casarse a después de tener los hijos, por ejemplo cuando estos ya tienen tres años o así para que nadie pueda aducir que dio el consentimiento con falta de sueño.

Me pregunto si con una restricción de este tipo la gente se seguiría casando o si lo haría con la misma persona con la que tuvo los hijos… yo creo que los matrimonios caerían en picado, sería acabar con los divorcios a cañonazos.

En la misma linea ahora que me estoy leyendo Sapiens de Yuval Noah Harari, al parecer un año después de que se lo haya leído todo el mundo, me da por volverme a plantear si las familias nucleares en su definición más estricta (dos progenitores con hijos) son la mejor fórmula posible de convivencia y de criar a los niños.

Estoy seguro que a algún que otro varón se le habrá pasado por la cabeza que estaría bien tener más de una mujer, por eso del sexo y por tener a alguien con quien hablar cuando tu otra mujer esté enfadada contigo… no obstante al menos a un servidor la idea le dejó de parecer tan atractiva cuando vio la serie en Netflix de los mormones Tengo tres esposas, clasificada como «reality» pero que bien podría archivarse en el genero de «terror»

No sé porqué pero me da que a las mujeres tampoco les debe resultar muy atractiva la idea de tener más de un marido… muchas pensarán que con uno ya se han ganado el cielo y que tampoco se trata de que las beatifiquen.

En el libro de Yuval se plantean posibilidades más abiertas, como la familia grupal, donde la tribu es la que cría a los hijos y donde todos los varones colaboran en el cuidado de los niños, entre otras razones porque nadie sabe exactamente cuales son sus hijos ya que las mujeres tienen relaciones con varios hombres de la tribu. Una versión más light sería la familia comunal donde se comparte todo menos la cama, algo así como un veraneo de parejas con niños pero que nunca acaba.

Estoy seguro que los niños se enriquecerían mucho de tener contacto con muchos padres y madres que les enseñan, quieren y les cuidan… y algunas cargas domésticas o incluso el propio cuidado de los niños sería más liviano haciéndose en conjunto. Pero desde luego que debe ser un auténtico reto gestionar algo de este tipo, los matrimonios que conocemos hasta con deslices y divorcios de por medio parecen más sencillos.

Parece que no vamos a encontrar el Santo Grial en esta entrada, no obstante a mi me gusta reflexionar sobre estas cosas porque hay que entender que vivimos en una realidad imaginada por seres humanos y que en otro tiempo o en otros lugares se vive de manera diferente. No hay nada escrito en piedra, simplemente hemos llegado a la fórmula actual porque es la mejor que se nos ha ocurrido.

pd – no dudés en responder a este correo siempre que te apetezca para decirme tu opinión sobre las barbaridades que escribo.

…y Dios en todas partes

No es de extrañar que haya gente que encuentre el amor de nuevo en el trabajo: el último resort `adults-only´ donde van a parar las mejores horas de tu día.

Al fin y al cabo con los compañeros de trabajo pasas el tiempo justo, de ocho a diez horitas hasta con un descanso entre medias… y después cada uno a su casita y Dios en todas partes.

Harina de otro costal sería que luego te tocara llevarte a los compis a tu casa, pasar con ellos la tarde, ir al Carrefour, compartir baño, cenar, dormir, despertar a su lado…. y al día siguiente repeat, repeat, repeat… y los fines de semana más de lo mismo. Sería una auténtica pesadilla, las cartas de dimisión desbordarían los departamentos de recursos humanos.

Somos seres sociales, pero tal vez no tanto. Me aventuro a proponer que tal vez los problemas de autoestima en esencia radican en convivir con uno mismo demasiado tiempo seguido, a lo mejor lo de pillarse un pedal de vez en cuando, tirarse en paracaídas y abandonar tu consciencia a un cocktel de endorfinas y adrenalina no son más que burdos trucos para tomarte unas vacaciones de ti mismo.

Estoy convencido de que una de las razones por las que mi matrimonio aguanta es porque intento liberar a mi mujer todo lo que puedo de mi exquisita presencia y además cuando lo hago suelo llevarme a los niños, con lo que a mi marcha el descanso que dejo atrás es doble y a mi regreso tengo garantizado que me dará la bienvenida una enorme sonrisa.

Pero sigue sorprendiéndome que todavía haya gente que quiere seguir viviendo en pareja ¡incluso sin niños de por medio! (a mi parecer la única razón que justifica tan descabellada empresa). Dan ganas de agarrarlos por los hombros y zarandearlos gritándoles «Es la convivencia, estúpido!«

Está claro que viviendo en pareja se ahorra dinero, pero también compartiendo cepillos de dientes y el agua de la ducha… y no vamos tan lejos con eso de cuidar la pela. En un momento dado alguien decidió trazar una delgada linea roja que marcaba hasta que punto es justificable el ahorro… yo sólo digo que tal vez habría que moverla unos cuantos metros más, incluso algunas calles o manzanas.

Con lo bien que se está cada uno viviendo en su casita y quedando cuando a uno le apetezca. Si me dieran a elegir ni yo conviviría conmigo mismo. ¿Ves cariño? ¡hasta en eso nos parecemos!

Mi mujer me ha convertido en un inútil

El otro día me di cuenta… y no fue nada agradable, pero es verdad y lo tengo que reconocer: ya soy prácticamente incapaz de conducir sin mi mujer de copiloto. Me he acostumbrado tanto a ir al volante y que ella me vaya diciendo por donde debo ir, que ya si no lo hace me pierdo a la primera de cambio… y la cosa no se queda sólo ahí.

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La luz al final del túnel…

Hoy ha sido un día importante: no nos ha tocado la lotería, ni han ascendido a mi mujer en el trabajo, ni nos han dado los resultados negativos de alguna prueba médica… simplemente hoy ¡por fin! mi mujer y yo hemos conseguido salir a comer juntos, y llevábamos más de un año y medio sin hacerlo… exactamente la edad de mi segundo hijo.

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