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Experimentos en el encierro

Ahora que no podemos salir de nuestras casas ni rellenar nuestra agendas con distracciones te propongo que cuando tengas un rato hagas un experimento de auto-conocimiento.

Abre a tu cliente de correo habitual, vete a la carpeta de Correos Enviados y navega hasta el correo más antiguo que puedas alcanzar y desde ese punto empieza revisar hacia delante.

Yo utilizo Gmail desde hace mucho y he conseguido remontarme al 2005, hace 15 años cuando ni siquiera había cumplido los 30… es como viajar en el tiempo, navegar al pasado y leer cómo escribía esa otra persona que todavía no tenía pareja, ni hijos ni excesivas responsabilidades.

Reencuentrate con una versión de ti más inexperta, más ingenua… pero al mismo tiempo mucho más valiente y hambrienta. Lee tus correos como si fueran los de un extraño, por ejemplo como si se trataran de los correos de un nuevo compañero de proyecto al que todavía no conoces e intentas saber «de qué palo va«.

Recuerda la persona que eras… y si tienes tiempo para rizar el rizo cuando te hayas empapado bien de tu «yo pasado» repite la operación pero con un «yo tuyo más reciente» revisando los correos que escribiste hace dos meses.

¿Notas la diferencia?

¿Qué has perdido y que has ganado en el camino?

¿Qué has de recuperar de eso que una vez estuvo en ti?

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Los problemas en mi familia se miden en kilos

Me resulta curioso comprobar que dos de las entradas más populares de este blog siguen siendo «Recuperando la forma física a partir de los 30» y «Un año después y diez kilos menos» en los que relataba mi experiencia perdiendo peso.

Lamentablemente esos artículos son muy antiguos y no reflejan lo que actualmente pienso sobre los problemas relacionados con el peso, tanto al alza como a la baja.

Ahora creo que todo tiene más que ver con ese quote de la mítica película Million Dollar Baby: «Trouble in my family comes by the pound«… que creo que al español se tradujo más o menos como «En mi familia los problemas se miden en kilos».

O dicho de otra manera, en muchas ocasiones el peso no es más que una somatización.

Es «otro problema» el que te hace comer de más o el que te cierra el estómago y te impide comer lo suficiente… y como consecuencia de ello engordas o te quedas demasiado delgado. Si ese problema desaparece o tomas conciencia de él y aprendes a sobrellevarlo de una manera más saludable tu peso vuelve a regularse por si solo.

Por supuesto que si aplicas una disciplina férrea controlando minuciosamente lo que te metes en la boca o matándote a cardio en el gym tu peso sufrirá variaciones pero ¿no debería bastar con comer cuando tenemos hambre y dejar de hacerlo cuando estamos saciados?

Yo actualmente peso unos 73 y creo que todavía me sobran algunos kilos… pero ya no me molesto en restringir mi dieta y si voy al campo los fines de semana no es para quemar calorías. Mi foco está centrado en vencer mis miedos, liberarme de la vergüenza, vivir acorde a mis principios… y otras muchas cosas que quedarían englobadas dentro del CRECIMIENTO PERSONAL y tengo el convencimiento de que «mi peso ideal» es algo que vendrá después como consecuencia de todo ello.

Es más creo que según me vaya acercando a ese estado mental y vibracional al que aspiro el dichoso numerito de la balanza me la traerá al pairo.

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El patito feo

Mi hijo tenía la obra de Navidad hoy en el cole donde interpretaban El Patito Feo y mientras que grababa con el móvil uno de esos videos -que raro será que vuelva a ver en mi vida- confieso que me abstraí pensando: menudo timo de historia.

Vamos a ver, el patito feo recibe palo tras palo y lo único que hace es llorar amargamente sus penas hasta que un día mágicamente despierta siendo un cisne.

No dudo que en el interior de todo ser humano se esconda un cisne en potencia, que seamos un diamante en bruto… pero la transformación no ocurre sin poner nada de nuestra parte. Para muchos -entre los que me incluyo- requiere trabajo, introspección, compromiso y algo de fe.

Por suerte hay mucha gente que ha vivido este proceso y que ha escrito sobre ello, gracias a ellos no estarás nunca completamente sólo, pero aun así ni leyendo durante años miles de libros sobre el tema cambiarás el hecho de que llegado un momento toca pasar a la acción, remangarse y comerse el sapo.

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y otros...

Una pesada carga

Nuestra oficina está a pie de calle y tiene unos grandes escaparates donde es agradable ver a la gente pasar camino del trabajo, a los niños de los colegios cercanos y a las señoras que van a hacer sus recados. Como por fuera los cristales hacen efecto espejo casi todo el mundo aprovecha cuando pasan para acicalarse el pelo o dedicarse una auto-mirada sexy, lo que genera más de una situación divertida cuando alguno se da cuenta de que nosotros estamos al otro lado viéndoles los caretos que están poniendo.

Muy de cuando en cuando –la belleza es escasa por definición– pasa por delante una mujer de esas de bandera y uno no tiene más remedio que levantar las manos del teclado y girarse para regalarse la vista. Pero como ya me vas conociendo querido lector en mi caso la cosa no queda ahí: en cuanto mi cerebro más primitivo se ha dado el festín, otras partes más evolucionadas cogen el testigo y se ponen en funcionamiento con una reflexión recurrente: la pesada carga de la belleza para las mujeres.

Y es que yo pienso que no debe ser fácil ir cargado con toda esa «artillería» de un lado para otro: con un tipazo, una melena brillante, una cara bonita y esa actitud de «aquí estoy yo, puede empezar a sonar la música». Me recuerda a ese artículo que escribió una compañera de Sara Carbonero en la Universidad de Periodismo:

(…) Carbonero ya era famosa en la Facultad, donde la apodaban «Pocahontas» por «su pelo largo y lacio, su tez morena, sus ojazos y su esbelta silueta». «Yo nunca supe el mío, aunque quizás nunca tuve», compara la misiva. «Recuerdo un día, esperando para hacer un examen en septiembre, que entró por la puerta con un top básico y un vaquero. Se hizo el silencio en la clase y todos la miramos», rememora, «a eso me refiero. Yo no dejo sin respiración una clase entera ni ilumino una habitación con mi presencia. Tampoco cubrí un Mundial de Fútbol ni me besó mi novio delante de toda España, tras ganar la Copa del Mundo».

¿Cómo será la vida siendo uno así? Podemos pensar que algo más sencilla y puede que estemos en lo cierto… pero ¿cómo se debe sentir una persona cuando es consciente de que a veces tiene a moscones a su alrededor escuchando lo que dice simplemente porque está como un queso? ¿con todo eso a cuestas cómo saber si alguien te quiere por el motor, por el chasis o por la carrocería?

¿Y cuándo va pasando el tiempo y esa belleza empieza a abandonarte? Esta claro que estas mujeres -si no se vuelven locas con el bisturí- siempre conservarán algo de su belleza natural y estarán «muy-bien-para-su-edad»… pero eso no quita que ya por suerte o por desgracia nadie vuelva la cabeza al pasar a su lado.

En otra realidad en el cole cerca de mi casa hay un alumno adolescente, delgadillo, encorvado, con gafas de culo de vaso y mentón diminuto que ojea el móvil a un palmo de distancia vestido con pantalones cortos de gimnasia, calcetines de deporte blancos y zapato negro de vestir. Lo veo cada día y no puedo evitar pensar: «pobrecillo, es que lo tiene todo«… y cuando un coche para fugazmente a su lado para recogerlo suelo inclinar la cabeza un poco para ver cómo es el padre… y el caso es que nunca logro verlo del todo bien, pero yo creo que es un tío normal. Tal vez de joven era como su hijo y se fue puliendo, se operó de la vista, se apunto a un gimnasio, aprendió a vestirse mejor…

Me consuela pensar que a este mundo hemos venido con una misión de aprendizaje. El hermoso a convivir con su belleza y aprender a perderla progresivamente, el menos favorecido a ingeniárselas para ir sacando de donde no hay y compensar con otras virtudes.

Yo que sé, son cosas que me da por pensar… y os libro de abrir el melón de la pesada carga de la inteligencia: imagina ser Richard Feynman -Nobel en Física- y que un periodista te pregunte alegremente el porqué se atraen los imanes y que te toque soltarle un speech de 7 minutos sólo para hacerle entender lo imposible que es explicarle algo de tal calado a un ciudadano de a pie.

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Como es abajo es arriba

Estábamos mi mujer y un servidor haciendo cola para embarcar en el Aeropuerto de Viena y detrás de nosotros una familia al completo con padres, niños, abuelos, cuñaos… en la que al parecer los abuelos tenían tarjeta de embarque preferente y el resto no. Reproduzco aquí la conversación entre los padres y su hija adolescente:

Padre – Niña, corre y entra con los abuelos al avión…

Hija– ¿Y qué digo a la de los billetes?

Madre – ¿Pues qué coño le vas a decir? Que entras con los abuelos porque ellos no se enteran, que son mayores…

Hija – ¿Y qué le tengo que enseñar?

Padre – ¡Será subnormal! Pues el papelito…

Hija – ¿Este?

Madre – No idiota, ese es el mío… trae acá. Toma este es el tuyo: ¡corre que ya entran!

La otra hija – Que qué le enseña dice… ¡la foto del DNI si te parece, será idiota!

Padre – Tu calla la boca que a ti nadie te ha dado vela en este entierro…

Yo creo que captáis el espíritu de las lindezas que se intercambiaban los unos a los otros. A mí por alguna razón me vino a la cabeza la frase de: «Ellos entraron en Viena, pero Viena nunca entró en ellos«.

Estoy seguro que mi mujer y yo hacemos un montón de cosas mal con nuestros hijos: más de una vez se nos escapan algunos gritos y seguro que ven más tele de la que debieran (pese a estar en inglés)… pero los dos progenitores tenemos claro que a los niños les tenemos que hablar con educación y respeto. Y con solo 5 y 8 años ellos ya lo saben y si alguna vez se nos ha escapado un «¡¿estás tonto?!» nos corrigen y se defienden con un «¡yo no soy tonto!» y esperan una disculpa por nuestra parte porque ellos están acostumbrados a no ser insultados.

Eso tenemos avanzado… tanto es así que me cuesta entender el porqué unos padres como los del aeropuerto que seguro que quieren a sus hijas las machacan de esta manera sin inmutarse:

  • A lo mejor piensan que es una manera de curtirlas o de espabilarlas, prepararlas para el mundo hostil de ahí afuera…
  • A lo mejor es la manera en la que ellos mismos fueron criados.
  • A lo mejor es una forma de proyectar una frustración que tienen en su interior (como en esta tira cómica de Calvin)

Pero querido lector no creas que el objetivo de esta reflexión es cebarme con eso padres cansados de patearse a toda velocidad el centro de Viena y visitar Stephansdom… Más bien me da por preguntarme por la multitud de ocasiones en las que otras personas me habrán visto a mí y se habrán llevado las manos a la cabeza pensando: ¡será cazurro este tío! ¿que los niños no saben solfeo ni tocan un instrumento? ¿que no van a museos ni al teatro? ¿que no están aprendiendo chino? ¡A saber Dios cuántas atrocidades estaremos cometiendo!

Concretamente con el tema de los niños yo creo que estamos por encima de la media porque nos lo tomamos muy en serio… pero estoy seguro que en otras facetas de mi vida rozo la mediocridad y lo peor es que no soy consciente.

Resulta sencillo identificar cuándo la gente está en un nivel algo menos elevado que el nuestro porque el contraste simplemente nos chirrían al oido o la vista… pero sin embargo nos volvemos miopes cuando proyectamos la vista hacia arriba.