Ambición

La semana pasada me tocó pasar la mañana del domingo trabajando en la oficina, algo que antes era bastante habitual y que con el paso del tiempo he ido desterrando de mi agenda por eso de desconectar y aprovechar para estar con mis peques todo el tiempo que pueda.

Pero la verdad es que me lo pasé bastante bien: programando sin interrupciones, ni llamadas, ni e-mails… en una oficina en completo silencio. Además me cundió un montón.

Con esa sensación del deber cumplido, mientras que apagaba el ordenador, conectaba la alarma y el resto de rituales previos a salir de la oficina me dio por pensar: «La verdad es que esto tampoco está mal, creo que podría ser perfectamente feliz con días como estos, tampoco necesito mucho más.»

Eso me hace pensar que no soy una persona muy ambiciosa, no ansío el poder, la riqueza o la fama… o no más que el placer del trabajo bien hecho. Pero por otra parte no puedo negar que hay una voz en mi interior que me compele a alcanzar la mejor versión de mi mismo… pese al riesgo de que se cumpla el Principio de Peter y que «termine ascendiendo hasta mi nivel de incompetencia».

Me pregunto si esa vocecita realmente me pertenece o no es más que la reproducción en automático en mi cabeza de la Parábola de los Talentos (Mateo 25:14-30) que tantas veces nos explicaron en catequesis… y si no es más que el miedo al «llanto y el crujir del dientes» lo que se esconde detrás de mi loables aspiraciones.

La parábola de los talentos

Nunca lo sabré, quién puede saber hasta que punto nuestra existencia de adulto ha quedado programada por nuestras experiencias en la infancia… qué traemos de serie y qué es adquirido.

Analfabetismo sexual en la era del porno

El estreno de la nueva serie adolescente de Netflix `Sex Education´ con una esplendida Gillian Anderson rubio platino me recordó un tema sobre el que estuve pensando largo y tendido estas vacaciones: ¿Cómo puede ser que el tema del sexo siga siendo tan tabú?

Cuando yo era pequeño era comprensible (y ya no digo en la época de mis padres) recuerdo que `sexo´ eran esas revistas guarras que tenía el del kiosko colgadas en parte de superior con pinzas de madera, como si tenerlas un metro más arriba fuera una barrera infranqueable para la aguda mirada de un chaval.

Sexo eran las primeras imágenes pixeladas en blanco y negro que me pasó mi amigo Álvaro en un disquete de 5 1/4 para mi Amstrad… que se las había conseguido mangar a su hermano mayor.

Era jugar a escondidas al MacPlaymate en el Macintosh que tenía la familia irlandesa en la que pasaba los veranos.

Era la revista porno que traía alguna vez un compañero a clase… y ese que se sorprendía con un «coña, si los negros la tienen negra!»

Hojear las torridas ilustraciones del libro The Joy of Sex de la madre de mi amigo Franscisco o ese otro de educación sexual de la hermana mayor de Pablo que estudiaba psicología.

El conocimiento sobre el sexo era escaso, llegaba a cuenta gotas… era ese capítulo de Ciencias Naturales en EGB que esperábamos con ansia y que luego pasaba sin pena ni gloria. El sexo era esa profe que criticaba que en esas lecciones las ilustraciones de los adultos aparecieran en bañador en lugar de desnudas, para a continuación aleccionarnos sobre lo higiénico que era rasurarse todos las axilas (cuando tuviéramos pelo).

Sexo era Sabrina cantando Boys, Boys, Boys con la teta al aire… o Samantha Fox, que en español era «Samanta Zorra». Era la peli erótica que echaban en Noche Vieja a altas horas de la noche o la omnipresente Enmanuelle en su sillón de mimbre.

Todo ellos sin duda excitante…. pero también sexo era pecado, la virginidad cristiana, el SIDA y enfermedades venéreas. Esto último mis padres se ocuparon de que nos quedara bien claro, hasta nos llevaron un día al Musée d’Anatomie de Montpellier donde había una abundante colección de moldes de cera a tamaño real de genitales ulcerados por sífilis, chancro, gonorrea… y demás lindezas en estado avanzado antes de que existieran los antibióticos.

Todo esto y otras muchas cosas… y todavía ni había llegado a la pubertad.

Luego llegó Internet y se supone que debería haber cambiado todo… pero siento decir que no tanto como creemos: sigue habiendo mucha confusión, muchos tabús y en general incultura.

Pero desde aquí voy a poner mi granito de arena para mejorar tu vida sexual recomendándote este video del Dan Savage: `The 3 Things we get Wrong about sex, love & monogamy´. A partir de que le dediques los 45 minutos que dura el algoritmo de Google entenderá que el tema te interesa y empezará a sugerirte otros muchos vídeos sobre el tema, ya es sólo cuestión de que le pongas interés… y que tal vez consigas que vea alguno tu pareja.

Mi lucha por dormir bien

Ya te he hablado por aquí que tengo problemas con el sueño, es algo que llevo arrastrando desde hace años y que mina mis fuerzas durante todo el día. La diferencia es que ahora que mis hijos (4 y 6 años) ya duermen bien no puedo echarles la culpa de mis develos… asi que todo gira entorno a mi (como diría mi peque: es todo tu culpa papá). ¿Será cosa de la mente?, ¿le daré muchas vueltas a las cosas?… lo cierto es que los fines de semana duermo mejor y cierto es que tengo algunas preocupaciones que me rondan la cabeza… pero tampoco es para tanto.

Por ponerte en contexto en mi casa todos se van a la cama no más tarde de las 21:30 y a partir de esa hora ya no se puede hacer ningún ruido…  Así que yo me metía en la cama y esperaba a que me entrara el sueño a base de horas de YouTube y Netflix. Como esa rutina me parecía una soberana pérdida de tiempo y además no me libraba de posteriores desvelos nocturnos probé algo nuevo y más disciplinado (que por cierto vi en YouTube): levantarme a las 4:30 todos los días, incluso fines de semana.

Esto viene de las rutinas militares, popularizadas para la vida civil por este angelito… el Navy Seal Jacko Willink:

Lo del madrugón lo estuve haciendo durante unos diez días y la verdad es que no costaba tanto, probablemente porque como duermo mal levantarme de la cama es casi un alivio. YouTube está plagado de videos de «cómo levantame a las 4:30 me cambio la vida» y similares… todo un poco exagerado, yo lo que sí noté es que por fin tenía tiempo para estudiar y básicamente a eso me estuve dedicando esos días de 4:30 a 6:30.

Lo bueno de ese método es que a las 21:30 estás tan agotado que sólo te apetece meterte en la cama, ni Netflix, ni HBO, ni YouTube… No obstante pese al cansancio la nueva rutina seguía teniendo un fallo y es que yo me seguía despertando entorno a la 1 de la madrugada y me podía quedar dando vueltas en la cama durante una hora antes de volverme a dormir.

Así que esta semana he vuelto a hacer un cambio de rutina. Me acuesto pronto, entorno a las 21:00-22:00… y cuando me despierto a eso de las 12:00-01:00, me levanto, me voy a la cocina y me pongo a estudiar. Para mi sorpresa estoy lúcido, despejado y puedo estar casi dos horas estudiando antes de empezar a bostezar… en ese momento (entorno a las 2:30-3:00) regreso a la cama y me duermo hasta las 6:00 ó 7:00 según lo que me deje mi hijo.

En definitiva que duermo en dos tandas, ya no pierdo el tiempo viendo Netflix, tengo tiempo para estudiar y de momento estoy bastante bien. Pero la pregunta es ¿por qué no puedo dormir del tirón como mi mujer y otros humanos? Pues resulta que este artículo publicado en el Confidencial me dice que no soy tan raro:

En la década de los 90 el psiquiatra Thomas Wehr realizó un experimento para demostrarlo. Dejó a oscuras a un grupo de personas 14 horas diarias durante un mes. A la cuarta semana los individuos habían adquirido un patrón de sueño muy diferente al estipulado: primero dormían durante cuatro horas y luego se despertaban durante una o dos antes de caer en otro sueño de cuatro horas, según publica la BBC.

Puede ser que el nuevo ritmo de vida impuesto por «una casa que se apaga no más tarde de las 22:00» fuera la causa de que se alterara mi patrón de sueño, como en el experimento… y todos estos años básicamente lo que he estado haciendo es luchar contra lo que me pedía el cuerpo.

Por ahora la cosa va bien, ya veremos…

La belleza

Un día estuve locamente enamorado de una chica de la que probablemente siga enamorado en otro universo paralelo donde tal vez incluso estemos casados y tengamos hijos. En este otro universo ya no lo estoy… pero ese no es el tema de esta entrada.

La historia es que un día estábamos en el cine, en ese momento previo a la película en el que todavía ni siquiera han apagado las luces  y en eso que entró un chico supongo que bastante guapo y ella se le quedó mirando de manera exagerada. Uno de esos (muchos) gestos de mal gusto que a mi me sacaban de mis casillas y me hacían sentir como esas novias celosas de las memes de interné.

Pero esta chica me explicaba que ella admiraba la belleza como algo no posesivo ni carnal, como el que mira un cuadro bonito y es capaz de disfrutarlo sin un deseo irrefrenable de llevárselo al salón de su casa.

No había por tanto razón alguna para sentirse celoso.

Yo por aquel entonces no debía encontrarme en un plano tan elevado de entendimiento y sus palabras lo único que hacían era exasperarme aun más; por esas y otras muchas cosas lo nuestro nunca terminó en nada y llegado un punto simplemente estar cerca el uno del otro nos hacía daño.

Pero con el paso de los años, tal vez según se han ido apaciguando mis hormonas o simplemente como consecuencia de la madurez inevitable que llega junto con la edad y la presbicia aquellas palabras que ella me decía han ido cobrando sentido.

Ahora me gustan las mujeres tanto o más que hace diez o veinte años, pero de otra manera: soy capaz de apreciar la belleza interior y la fuerza de una mujer con carácter, segura de si misma… así como la belleza exterior que acompaña tanto la lozana juventud como la atractiva madurez.

Pero es una atracción a otro nivel, intensa pero más allá de lo carnal, de la posesión, del deseo, de la exclusividad… cuando pienso en ello por alguna razón sólo me viene a la cabeza la canción de Aute que lleva por título esta entrada.

Mi padre suele resumir todo esto con una de sus míticas frases: «si, si… las mujeres están muy bien, pero de lejos… de lejos«.

Tal vez sea sólo eso.

Bienvenido a `la realidad´

Cuando tenía algo más de 30 años tuve un pensamiento fugaz, creo recordar que andando por la calle, justo pasando al lado de esa tienda de espejos cerca de casa de mis padres que hace muchos años era una panadería. Mi iluminación se puede resumir en un `a lo mejor resulta que nunca consigo hacerme rico´.

Te sorprenderá saber que hasta esa fecha yo había dado ese objetivo como cosa cierta y era el motor que justificaba trabajar de continuo, sin fines de semana ni fiestas de guardar. También era lo que explicaba que pospusiera lo de tener novia pues pensaba que -cuando fuera rico- sería más sencillo conseguirla. A lo mejor por eso es que ya tampoco hacía deporte, llevaba años sin comprarme ropa nueva y había acumulado quince kilos extra (dos o tres de ellos sólo en la cara).

Esa aterradora posibilidad me golpeó cual mazo en la cabeza y fue de las mejores cosas que me pasaron la vida. En ese momento entendí que podía estar en un aprieto y que me tenía que poner las pilas… o al menos intentarlo en la parte controlable (cuidarme, hacer deporte, adelgazar…). Había pospuesto durante demasiados años muchas facetas de mi vida en base a un objetivo que ahora se dibujaba como poco probable.

Diez años después de eso recibí otro golpe de realidad. En esta ocasión trabajando con Juan Ignacio (aka the fuckin´ genius) en un ERP y luego en un robot de trading durante lo que iba a ser un proyecto de tres meses que luego se extendió a casi un año. Hasta esa fecha yo me consideraba una persona inteligente o al menos por encima de la media, pero trabajando con él me di cuenta de que yo era más bien «el listillo de mi liga» que probablemente ni siquiera alcanzara la segunda división.

Eso también fue liberador y me permitió buscar explicaciones alternativas al porqué en el trabajo me van bien las cosas, más allá de la inmensa suerte que sé que he tenido.

Supongo que por eso todo el mundo recomienda que debes «conocer mundo», «abrirte a otras realidades», «salir de tu zona de confort». Mi trabajo al final es muy solitario, horas y horas delante del ordenador, rodeado de abstracciones informáticas… cuando te quieres dar cuentas has despegado de la realidad y te has creado una alternativa.

Por otra parte tu familia que tanto te quiere no son el juez más objetivo. He crecido toda mi vida con frases del tipo «a ver si con lo listo que eres te haces rico y nos sacas a todos de pobres» o «mi hermano es que es un genio, míralo ahí con sus tres pantallas».

En fin, la realidad está bien y es bueno acercarse a ella. Esa capacidad de poder mirarse al espejo y vernos como nos vería un extraño es muy útil y no es incompatible con poder seguir soñando con una versión mejorada de nosotros mismo.