¿Cuál es tu propósito en la vida?

Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.” – San Juan 4:13-14

We’re the middle children of history, man. No purpose or place. We have no Great War. No Great Depression. Our Great War’s a spiritual war… our Great Depression is our lives. 
― Chuck Palahniuk, Fight Club

Cuando nos planteamos este tipo de preguntas es fácil responder algo del tipo: mis hijos, mi familia, cuidar de los míos… Pero con el tiempo entendemos que nuestros hijos nos han sido confiados «temporalmente» con el fin de enseñarles a ser autosuficientes amándolos incondicionalmente durante todo el proceso.

Para muchos nuestro propósito en la vida es la supervivencia. Centrarse en conseguir recursos, con los que comprar cosas que nos hagan sentirnos seguros, alcanzar una vida cómoda, un buen colchón financiero… Supongo que en eso he invertido mis últimos 20 años de vida y aunque no se me ha dado mal, no me veo invirtiendo los veinte siguiente en hacer lo mismo. Yo quiero algo más.

Por supuesto que quiero abundancia económica: me gusta ir al supermercado y no ir mirando el precio de las cosas; invitar a mis amigos a cenar a mi casa; que mis hijos sean bilingües y hablen un tercer idioma; viajar con mi familia a Japón, comprarme algún día un Tesla… Pero eso no quiere decir que quiera una vida orientada hacia la consecución del bienestar económico.

Y así es como llevo los últimos años dando vueltas a esta cuestión y preguntando a la gente que conozco algo tan en apariencia sencillo como: ¿por qué? Pero las respuestas han sido desalentadoras, da la impresión de que la mayoría corremos en la rueda interminable del ratón pero sin tener claro un objetivo más allá de ganar más dinero, expandirse, crecer, ser más importante, más relevante en el sector, tratar con mejore clientes, participar en proyectos más interesantes…

¿Es a eso a lo que hemos venido aquí? Yo creo que no, al menos yo no… yo aquí he venido a otra cosa y por supuesto no soy el único con esa inquietud.

En los últimos meses me he dado cuenta de que esa pregunta que me perseguía sólo se vería respondida adentrándome en el terreno de lo espiritual. Un camino repleto de zarzas y malezas por el que llevaba décadas sin transitar, donde se esconde el agua que promete saciar la sed que llevo arrastrando todos estos años.

Pero aunque cite los evangelios al principio de esta entrada esto no va a ser tan sencillo o complicado como volver a ir a misa los domingos… mi exploración va por otros derroteros y lo único que puedo decir es que por el momento funciona.

¿Cuál es mi propósito en la vida? Todavía no lo sé, pero sé que de momento debo centrarme en alcanzar el potencial de todas las capacidades que me han sido concedidas y ayudar a otros a que hagan lo mismo con las suyas.

¡Escapa de Madrid!

La Cabrera en la Sierra Norte de Madrid

Mi última entrada la publiqué en agosto, desde la playa… y prometo que mi intención era seguir publicando con regularidad, retomando el ritmo poco a poco hasta alcanzar mi objetivo de una entrada a la semana… pero mi portátil se rompió, o al menos eso pensaba yo porque no conseguía hacerlo arrancar.

Curiosamente cuando regresé a Madrid dispuesto a encargar un nuevo disco duro volvió a la vida, como si nada hubiera pasado. Así que tal vez no era aquel el momento para escribir… y tal vez lo sea este.

Así que mientras voy encontrando las palabras para esta nueva temporada en la que os aseguro que tengo muchos cosas que contaros… aprovecho para informaros que he publicado tres artículos en DolceCity recomendando unas escapadas cerca de Madrid:

Son entradas con poco texto y muchas fotos, así que más que leerse simplemente se ven.

Nosotros vivimos fuera de la M30, en Arturo Soria y los fines de semana me gusta siempre que puedo salir al campo con los niños y retomar el contacto con la naturaleza. Que sí, que sí… ya sé que suena a topicazo, a frase manida del Telva, pero te puedo asegurar que es verdad: durante la semana hay algo en mi interior que se desorganiza y la mejor manera de recuperar el equilibrio es saliendo de esta ciudad.

A lo mejor te suene a locura pero he soñado despierto con la idea de alquilar mi casa en Madrid y trasladar la residencia a Manzanares El Real o Cerceda y sólo bajar a Madrid para trabajar. Pero claro a nivel de logística sería complicado: ¿qué pasa con el cole de los niños? ¿y con la preciosa oficina que acabamos de reformar? ¿necesitaríamos dos coches? ¿y mi mujer que diría?

En definitiva, parece un sueño inalcanzable… pero ahí queda.

El caso es que tenemos un página en Facebook que se llama Me gusta Madrid! con 54.000 fans y he llegado a pensar en cambiarle el nombre a `Escapa de Madrid!´ pero probablemente estoy siendo demasiado impulsivo. Madrid tampoco está tan mal, al menos en pequeñas dosis, ayer mismo estuve por el centro con una amiga y es tan desnaturalizado que me genera ternura… y toda esa gente, intentado sobrevivir en esta locura, los madrileños son gente recia de verdad.

En fin corto y cierro, la próxima semana más y mejor.

Nos vemos pronto!

Matrimonios anticuados

Dos divorcios muy cercanos: el de mis vecinos y el de mi mejor amiga me han llevado a plantearme hasta que punto la institución del «matrimonio» se nos ha quedado un poco anticuada o si se podría mejorar de alguna manera.

El problema yo creo que radica en que uno se casa (normalmente) antes de tener hijos… que es como hacerlo justo antes de hacerte una lobotomía o cualquier otra intervención cerebral donde no sabes si saldrás del quirófano siendo la misma persona.

La paternidad cambia las prioridades de los padres, los peques pasan a estar arriba del todo y el resto de cosas no mantienen necesariamente el orden previo. Si ya sabemos que esto va a pasar, tal vez sería una buena idea posponer lo de casarse a después de tener los hijos, por ejemplo cuando estos ya tienen tres años o así para que nadie pueda aducir que dio el consentimiento con falta de sueño.

Me pregunto si con una restricción de este tipo la gente se seguiría casando o si lo haría con la misma persona con la que tuvo los hijos… yo creo que los matrimonios caerían en picado, sería acabar con los divorcios a cañonazos.

En la misma linea ahora que me estoy leyendo Sapiens de Yuval Noah Harari, al parecer un año después de que se lo haya leído todo el mundo, me da por volverme a plantear si las familias nucleares en su definición más estricta (dos progenitores con hijos) son la mejor fórmula posible de convivencia y de criar a los niños.

Estoy seguro que a algún que otro varón se le habrá pasado por la cabeza que estaría bien tener más de una mujer, por eso del sexo y por tener a alguien con quien hablar cuando tu otra mujer esté enfadada contigo… no obstante al menos a un servidor la idea le dejó de parecer tan atractiva cuando vio la serie en Netflix de los mormones Tengo tres esposas, clasificada como «reality» pero que bien podría archivarse en el genero de «terror»

No sé porqué pero me da que a las mujeres tampoco les debe resultar muy atractiva la idea de tener más de un marido… muchas pensarán que con uno ya se han ganado el cielo y que tampoco se trata de que las beatifiquen.

En el libro de Yuval se plantean posibilidades más abiertas, como la familia grupal, donde la tribu es la que cría a los hijos y donde todos los varones colaboran en el cuidado de los niños, entre otras razones porque nadie sabe exactamente cuales son sus hijos ya que las mujeres tienen relaciones con varios hombres de la tribu. Una versión más light sería la familia comunal donde se comparte todo menos la cama, algo así como un veraneo de parejas con niños pero que nunca acaba.

Estoy seguro que los niños se enriquecerían mucho de tener contacto con muchos padres y madres que les enseñan, quieren y les cuidan… y algunas cargas domésticas o incluso el propio cuidado de los niños sería más liviano haciéndose en conjunto. Pero desde luego que debe ser un auténtico reto gestionar algo de este tipo, los matrimonios que conocemos hasta con deslices y divorcios de por medio parecen más sencillos.

Parece que no vamos a encontrar el Santo Grial en esta entrada, no obstante a mi me gusta reflexionar sobre estas cosas porque hay que entender que vivimos en una realidad imaginada por seres humanos y que en otro tiempo o en otros lugares se vive de manera diferente. No hay nada escrito en piedra, simplemente hemos llegado a la fórmula actual porque es la mejor que se nos ha ocurrido.

pd – no dudés en responder a este correo siempre que te apetezca para decirme tu opinión sobre las barbaridades que escribo.

el vacío

Tell me something, boy
Aren’t you tired tryin’ to fill that void?

Shallow

Llega el verano, el descanso vacacional y la vida se te echa encima como una apisonadora que te ha estado esperando al ralentí todos estos meses a que pusieras un pie en la playa. La ausencia de distracciones te aboca a una reflexión ineludible sobre tu vida, sobre donde estás y a donde quieres ir.

¿Hasta que punto algo tan esporádico que apenas dura un par de semanas debería condicionar tu resto del año? La vida real tal vez sea lo otro, lo que haces meses y meses, la rutina, ir al trabajo, llevar a los niños al cole, el día a día… la vacaciones son sólo un «sueño pasajero» que mucha gente ni siquiera tiene, un first-world-problem en toda regla.

Tal vez deberíamos vivirlas embriagados, acallar como sea esa vocecita que te susurra al oido: algo no va bien. No dejar que hable, ni que se explique… pero es obstinada y no te deja dormir.

Y te pondrías a trabajar, ¡maldita sea si eres autónomo!… puedes trabajar a cualquier hora desde cualquier parte del mundo. ¿Por qué no empezar a adelantar el trabajo que te espera a la vuelta?

Pero el vacío te atrapa, como un agujero negro que quiere devorarlo todo.

Como El Verbo se hizo carne… sabes que si levantas la guardia tus pensamientos se convertirán en palabras y antes de que te des cuenta ya estarás abriendo esa bocaza que sólo tendrías que haber mantenido cerrada un par de semanas más.

Repite conmigo: yo estoy al mando y esto es sólo un espejismo, mi vida real está a kilómetros de aquí, ésta ni siquiera es mi casa, ni mi cama… Déjalo pasar macho ¡si este año hasta tienes Internet!

Y así hizo, lo dejó pasar.

Consejos vendo, que para mí no tengo

Los árboles no nos dejan ver el bosque… es algo que se repite una y otra vez. Estamos tan cerca de nuestros problemas que somos incapaces de poner la suficiente distancia entre ellos y nosotros para conseguir analizarlos de manera objetiva y trazar un plan de acción para atajarlos.

Es algo que no ocurre con los «problemas de los otros»por eso es fácil ver cosas en ellos que son invisibles para ti, una práctica que en los últimos meses he llegado a institucionalizar con determinados amigos que me importan y toleran mi atrevimiento.

La técnica es sencilla: intento describirles una parte de «su realidad» que me chirría tal y como la veo yo desde el exterior, desde el respeto y poniendo por delante que yo no tengo ni consejos, ni respuestas, ni verdades absolutas… en definitiva que yo no les debo decir lo que tienen que hacer con su vida, algo extremadamente difícil porque uno se embala y luego cuesta frenar en esa linea roja que muy pocas veces se debe cruzar.

Mi intención aunque espero que beneficiosa no es del todo altruista, por dos razones principalmente: Primero porque me he dado cuenta de que para mi reflexionar sobre la vida de los demás es una forma refinada de procastinación que me permite liberar el estrés sobre mi propios problemas… y en segundo lugar porque en última instancia pretendo que esas mismas personas me devuelvan el favor y me muestren aquello que yo soy incapaz de ver en mi.

Si bien esto segundo no es tan fácil porque estamos acostumbrados a «no meternos en la vida de los demás», «a ser prudentes», a ser «reservados con nuestras opiniones»… pudiéndose dar incluso un hecho paradójico y es que alguien te cuente algo y tu percepción sobre ese algo termines comentándola con un tercero y no con el interesado.

Sabiamente evitamos el conflicto, la confrontación… es lo que la voz de la experiencia nos dicta. Por eso puede ser un poco utópico el pensar que sería posible formar un grupo de personas juiciosas que cada cierto tiempo se reúnan para darse cera por turnos., algo así como los Consejos que tienen algunas empresas, pero con gente que no de consejos sólo ponga de manifiesto realidades que pemanecen ocultas a los ojos del interesado.

No sé si lo conseguiré, pero en esas estoy, otro proyecto personal tal vez inalcanzable como el de quitarme la tripa o que mis hijos no coman chuches.