Recuperando la forma física: un paseo largo a la semana

Si como yo pasáis muchas horas sentados delante del ordenador, es decir, vida sedentaria a más no poder… puede que os interesen estos artículos sobre mis intentos de recuperar la forma física.

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Como ya os comenté estoy muy contento porque desde septiembre he vuelto a ir al gimnasio, ya llevo unos cinco meses a razón de 4 días a la semana… a horas un poco intempestivas (a eso de las 21:00) pero por otra parte muy tranquilas.

No he adelgazado nada pero me siento mucho más fuerte y en forma.

Los lunes y jueves hago pesas, los martes y viernes hago bicicleta y los miércoles descanso. Algo que he aprendido es que tan importante es ser constante en los entrenos como respetar los tiempos de recuperación: a mi edad unas 72 horas entre los entrenos de pesas y 48 horas entre los aeróbicos (45 minutos de bicicleta).

Ahora Isaac, mi guru de la forma física, me ha recomendado añadir un paseo largo los fines de semana, de unos 12 kilómetros (unas 2 horas y media andando no muy rápido) que suponen unas 1.200 calorias adicionales de consumo. Otra cosa que he aprendido es que a los aeróbicos hay que meterles bastante tiempo si quieres consumir suficientes calorias (andar sólo media hora no te cubre ni una hamburguesa).

Lo ideal es un entreno combinado de aeróbicos y musculación, porque si ganas algo de músculo consumirás más calorias en el día a día… algo que no ocurre con las grasas acumuladas «que viven solas» sin que tú tengas que hacer nada para mantenerlas.

Os seguiré contando como me va, por si os resulta de ayuda.

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Golf, pijo-gym, natación… al final volví a mis raíces -a Isaac- a mi entrañable gimnasio de barrio a pocos pasos de la oficina al que voy en horario prohibitivo pero tranquilo: a eso de las diez de la tarde/noche cuando ya no suena el móvil…

Los lunes y jueves hago pesas, y los martes y viernes 45 minutos de bicicleta estática, que se me hacen muy largos asi que leo un poquito.

Después de probar mucho libros he descubierto que los de O’Reilly tienen el ancho ideal para no caerse entre el manillar de la bici, asi que estoy aprovechando para aprender Javascript porque después de probar Jquery (pendiente de escribir sobre ello) y ver tantas cosas chulas hechas con Mootools y Prototype tengo muchas ganas de saber más sobre el tema, pero con fundamento… no sólo en plan copia y pega.

PD – Si quieres tú también puedes hacerte tu propia portada O’REILLY

Hace años fui panadero y aun purgo mis pecados

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La segunda mitad de mi último año de carrera lo cursé en Dublín, allí trabajaba por las mañanas en un SPAR, un supermercado pequeño abierto hasta altas horas de la noche. En mi primer día de trabajo un lunes por la mañana a eso de las siete, me instruyeron en la que sería una de mis tareas cotidianas: preparar el pan y la bollería.

Teniendo en cuenta que aprendí todo lo necesario en apenas una hora, entenderéis que no era un trabajo muy complicado, de hecho hacer todo aquel pan apenas me llevaba un par de horas y después tenía que ponerme con otras tareas (que dan para otro artículo).

Para ser sinceros, yo no fui panadero… fui un humilde Operario de Descongelación de Pan… poco mérito había en convertir todas aquellas esmirriadas masas grisáceas congeladas, en vistosos panes, bollos y magdalenas, sólo tenía que meterlas en un horno enorme que había en la trastienda durante el tiempo que indicaban las instrucciones -escritas a mano en un papel roído pegado en la pared- y tirar de una palanca a veces si a veces no (aun hoy sigo intrigado sobre si esa palanca hacía realmente algo).

Eso no era sano, ya no porque en ningún momento de mi apresurado aprendizaje nadie me advirtiera que debía lavarme las manos antes de manipular aquello (aunque lo hacía), no porque la cámara frigorífica donde se guardaba todo estuviera a reventar y de tanto meter y sacar las cajas con las masas éstas terminaran desquebrajadas y las magdalenas y croissants congelados acabaran desparramados por el suelo en más de una ocasión… aquello no era sano, ni normal, porque la alimentación debería ser otra cosa.

Pero de eso hace ya diez años y desde entonces yo he engordado más de diez kilos, si bien esto último ha ocurrido en apenas dos años. Por suerte empiezo a perder peso gracias a un libro que me recomendó Pablo escrito por Michel Montignac y que no fue necesario comprar pues encontré una de sus primeras ediciones en casa de mis padres.

Leyéndolo he comprendido que mis kilos extra no son más que el pago de mis pecados por todo aquel pan que preparé y vendí en dudosas condiciones higiénico-sanitarias durante aquellos meses en Irlanda.

Y es que las harinas refinadas con las que están fabricados todos estos productos son la pólvora que nuestra vida sedentaria prende y estalla en forma de fardo abdominal. El pan de molde, la bollería industrial, las pastas, los refrescos azucarados, las galletas, mermeladas, golosinas, helados… son un verdadero problema, como reza Montignac en uno de sus capítulos: El azúcar es un veneno.

Más allá de todas las explicaciones científicas -que pueden leerse en el libro, que desde ya os recomiendo-, lo cierto es que si el sentido común nos lleva a no eliminar ningún alimento de la pirámide nutricional y a apostar por el “comer de todo pero con moderación” como recomienda el cardiólogo Valentín Fuster lo cierto es que con el azúcar se nos ha ido la mano:

En 1789 los franceses consumían apenas 1 kg de azúcar por persona y año, en 1880 la cantidad ya ascendía 8 kg, en 1900 eran 17 kg. De 1950 al 1990 el consumo anual mundial de azúcar pareció estabilizarse entorno a los 21 kg. En la actualidad los países desarrollados consumen cerca 36 kg. per capita.

Cómo adelgazar en comidas de negocios
Michael Montignac – Mucnick Editores