Bienvenido a `la realidad´

Cuando tenía algo más de 30 años tuve un pensamiento fugaz, creo recordar que andando por la calle, justo pasando al lado de esa tienda de espejos cerca de casa de mis padres que hace muchos años era una panadería. Mi iluminación se puede resumir en un `a lo mejor resulta que nunca consigo hacerme rico´.

Te sorprenderá saber que hasta esa fecha yo había dado ese objetivo como cosa cierta y era el motor que justificaba trabajar de continuo, sin fines de semana ni fiestas de guardar. También era lo que explicaba que pospusiera lo de tener novia pues pensaba que -cuando fuera rico- sería más sencillo conseguirla. A lo mejor por eso es que ya tampoco hacía deporte, llevaba años sin comprarme ropa nueva y había acumulado quince kilos extra (dos o tres de ellos sólo en la cara).

Esa aterradora posibilidad me golpeó cual mazo en la cabeza y fue de las mejores cosas que me pasaron la vida. En ese momento entendí que podía estar en un aprieto y que me tenía que poner las pilas… o al menos intentarlo en la parte controlable (cuidarme, hacer deporte, adelgazar…). Había pospuesto durante demasiados años muchas facetas de mi vida en base a un objetivo que ahora se dibujaba como poco probable.

Diez años después de eso recibí otro golpe de realidad. En esta ocasión trabajando con Juan Ignacio (aka the fuckin´ genius) en un ERP y luego en un robot de trading durante lo que iba a ser un proyecto de tres meses que luego se extendió a casi un año. Hasta esa fecha yo me consideraba una persona inteligente o al menos por encima de la media, pero trabajando con él me di cuenta de que yo era más bien «el listillo de mi liga» que probablemente ni siquiera alcanzara la segunda división.

Eso también fue liberador y me permitió buscar explicaciones alternativas al porqué en el trabajo me van bien las cosas, más allá de la inmensa suerte que sé que he tenido.

Supongo que por eso todo el mundo recomienda que debes «conocer mundo», «abrirte a otras realidades», «salir de tu zona de confort». Mi trabajo al final es muy solitario, horas y horas delante del ordenador, rodeado de abstracciones informáticas… cuando te quieres dar cuentas has despegado de la realidad y te has creado una alternativa.

Por otra parte tu familia que tanto te quiere no son el juez más objetivo. He crecido toda mi vida con frases del tipo «a ver si con lo listo que eres te haces rico y nos sacas a todos de pobres» o «mi hermano es que es un genio, míralo ahí con sus tres pantallas».

En fin, la realidad está bien y es bueno acercarse a ella. Esa capacidad de poder mirarse al espejo y vernos como nos vería un extraño es muy útil y no es incompatible con poder seguir soñando con una versión mejorada de nosotros mismo.

Una de dragones

Si fueras capaz de reconocer tus «carencias» serías el hombre más poderoso del mundo. Pero no es fácil identificarlas, es como si estuvieras cocinando una salsa y sabes que le falta algo, pero no sabes qué… no es sal, ya le has echado… tal vez un poco de azúcar… ¿y si pruebo con un poco de polvo de ajo?… a lo mejor es un ingrediente que ni siquiera tienes en casa.

Así a veces nos encontramos añadiendo o deseando cosas en nuestra vida que probablemente no son las que necesitamos: más amigos? una tele más grande? más sexo? estar más en forma? pasar más tiempo sólo? socializarme más? plantearme nuevos retos? vivir más tranquilo? más hijos? más espiritualidad? leer más?

Nos falta algo.

Por suerte con el tiempo vas aprendido donde «eso» no está. Los falsos dioses y profetas. Sabes que no está en las cosas, porque no es nada material. Sabes que no está en las mujeres, porque no es humano. Ni siquiera en los ojos de tus hijos por muy enamorado que estés de ellos. No está en los templos, no lo encontrarás en ningún viaje, ni en una de esas conversaciones infinitas sobre lo divino y lo humano que tanto echas de menos.

Está en el mundo de los dragones, en la realidad que subyace debajo de lo que podemos tocar. Es el calor del sol en un día frío, la luz que se filtra por tus párpados, los dedos de tu madre acariciando tu pelo de pequeño cuando dormías la siesta, eso que sientes escuchando esa canción… lo tienes en tu mano, crees que lo puede agarrar, pero se escapa entre tus dedos.

Tal vez no nos falta, simplemente no siempre está con nosotros.

Sigo siendo el mismo pardillo de antes

Los libros de Autoayuda me salvaron la vida, no es que me libraran del suicidio ni nada parecido… pero sin ellos, sin su ayuda, mi vida habría sido bastante miserable. Por eso me sorprende cuando veo que algunas personas critican e incluso se mofan de este tipo de literatura, al tiempo que confiesan que en su vida han leído nada en esa linea.

Durante una época de mi vida devoraba este tipo de libros y por supuesto que me tope con muchos abominables, pero algunos pocos dejaron una impronta que me acompañará durante el resto de mi vida.

Ahora, en otra fase vital, más estable: casado, con dos hijos, ex-vicepresidente de mi comunidad de vecinos… sinceramente creía que todo aquello pertenecía a un pasado ya aparcado y superado. Pero sin duda estaba tremendamente equivocado.

Como ya te he contado por aquí en otras ocasiones, pienso que el tener hijos es el mayor anestésico que existe, durante un par de años te olvidas de todo… y si además como yo y otras muchas parejas acuciadas por el reloj biológico encadenas varias crianzas seguidas ya tienes la prórroga asegurada. De un plumazo se te van cuatro o cinco años sin darte cuenta… pero antes o después es inevitable despertar.

Piensa en un alcohólico que tras un accidente aéreo da con sus huesos en una isla desierta y allí sobrevive como puede durante varios años; el día que finalmente lo rescatan qué duda cabe que estará sobrio… pero ¿cometerá el error de pensar que está curado?

Nuestras zonas erróneas nos acompañan durante toda la vida y cuando este gran paréntesis toca a su fin, algunas bofetadas te llegan con la guardia totalmente bajada.

Tú que ya creías todo eso totalmente superado, metido de lleno en tu nuevo rol de super-papá que además te queda tan bien, antes o después descubres que en el fondo sigues siendo el mismo de antes pero con hijos… ni tu cociente intelectual, ni tu inteligencia emocional se han multiplicado mágicamente durante estos años.

Si, es cierto que ahora tienes mucha más capacidad de sacrificio, empatizas mucho más con lo que sienten otros padres (incluidos los tuyos) y un montón de otros superpoderes como la capacidad hacer vida normal habiendo dormido fatal durante semanas… pero en el fondo sigues siendo el mismo, el de antes… o al menos eso es lo que pienso yo.

Así que ahí estoy, desempolvando mis libros de autoayuda, para volver a recordar citas como esta:

No es fácil encontrar la felicidad en nosotros mismos, pero es imposible hallarla en ningún otro lugar.

–Agnes Repplier. The Treasure Chest

2016, el año en que dejé de ser blogger

No hay que ser muy observador para comprobar que tengo el blog bastante abandonado, pese a que tengo muchos temas que me rondan la cabeza y me gustaría compartir contigo. Sin embargo es evidente que de aquí a unos meses… algo falla.

Continuar leyendo «2016, el año en que dejé de ser blogger»

El usuario siempre tiene la razón

Las incidencias son molestas, lo sé… a menudo te ves copiando y pegando la misma respuesta, ¿por qué el usuario no entenderá que el botón de Enviar no aparece hasta que no rellenas todos los campos obligatorios del formulario? ¿por qué el usuario no entenderá que sólo se puede buscar por el DNI? ¿por qué el usuario no entenderá que debe pulsar esa icono para que los resultados se ordenen alfabeticamente? En definitiva, ¿por qué el usuario no es capaz de entender la Suprema Inteligencia detrás de la aplicación que tiene el privilegio de estar usando?

Continuar leyendo «El usuario siempre tiene la razón»