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Mis historias

Ram Dass ¿cómo nos podemos querer más a nosotros mismos?

Este artículo es una traducción libre del video «Ram Dass – How to Love Your Self«, una transcripción en inglés del mismo está disponible en Medium: Ram Dass, how can we love ourselves more?. La traducción es libre y se ha flexibilizado para que se pueda entender mejor… si bien con ello inevitablemente se corre el riesgo de alterar el significado original.

Fernando Plaza

En lugar de «¿cómo podemos amarnos más a nosotros mismos?» preferiría preguntar «¿cómo podemos aceptarnos más a nosotros mismos?«.

La mayoría de nosotros ha pasado por un proceso de solicialización, un proceso a través del cual el niño recibe su primer aprendizaje. Los padres sienten la presión por socializar al niño, la presión por convertir al niño en «funcional» a nivel social… y durante ese proceso –de manera intencionada o no– premian o reprimen emocionalmente el comportamiento del niño. Como resultado de eso, sobre todo cuando se empieza muy pronto -antes de que el niño sea capaz de racionalizar ese proceso- este desarrolla un sentimiento emocional de que algunas cosas en él por naturaleza no son aceptables. El resultado son ciertos sentimientos de minusvalía o inadecuación en la mayoría de los seres humanos como resultado de la socialización. Podríamos afirmar que muy pocas personas consiguen atravesar ese proceso sin algún tipo de mella a un nivel u otro.

Freud entendió que la represión de los impulsos como consecuencia de la manera en la que la sociedad necesita socializar a los niños suele conllevar que el niño desarrolle sentimientos del tipo: «de alguna manera soy malo, hay cosas en mi que no son aceptables«.

Y así nos encontramos personalidades que constantemente miran al mundo y al resto preguntándose: «¿me apruebas? ¿te gusto? ¿soy suficientemente bueno? ¿soy digno de tu aceptación? ¿he conseguido lo suficiente?«. Buscamos que nuestro profesor nos ponga un «Sobresaliente» o una «Matricula de honor» para sentirnos bien… pero si no los obtenemos no es que no sientas nada, es que te sientes mal. Es como si el punto de partida estuviera en negativo, no en el cero.

Asi es como constantemente usamos nuestras experiencias vitales para refutar un sentimiento negativo que tenemos sobre nosotros mismos. Algo extremadamente común en estructuras sociales y desarrollo humano. Así nos encontramos con mucho sistemas psicológicos como el de Freud que trabajan entre ese «negativo» y el «cero».

Detrás de todo eso la dimensión espiritual mira el Universo y simplemente lo contempla «tal y como es». Cuando tienes algo negativo, para deshacerlo intentas enfatizar lo positivo… si no te gustas a ti mismo, querrás pasar a amarte a ti mismo y de ahí la pregunta «¿cómo podemos amarnos más a nosotros mismos?«. Pero si vamos más allá del odio y el amor, hay un lugar donde simplemente nos aceptamos a nosotros mismos y nuestra humanidad.

La palabra que he encontrado y me siento más cómodo utilizando es «apreciación», podemos simplemente apreciar lo que es.

Resulta interesante que si andamos por un bosque somos capaces de mirar a los árboles y apreciarlos, no decimos «este árbol está bien y este esta mal, ese árbol es gordo y ese otro es delgado, ese alto y ese es bajo, ese está torcido y ese está derecho«. Los miramos y los apreciemos tal y como son, son lo que son… y podemos apreciarlos de esa manera.

Sin embargo en cuanto nuestra mirada se posa en otros humanos, es interesante como en seguida entramos en modo-juicio y nos metemos de lleno en el terrero del «mejor» y «peor»… y entramos ahí como consecuencia de nuestras propias inseguridades y de nuestra constante necesidad de reafirmarnos a nosotros mismos.

Así que pensamos «esa persona tiene más pelo que yo» o cualquier otra dimensión que valorar o juzgar si somos más, menos o igual. Así es como quedamos atrapados en el reino del juicio… pero y si practicas el mirar a las otras personas como lo harías a los árboles, simplemente apreciándolos tal y como son, incluyéndote a ti mismo, simplemente apreciándote tal y como eres, apreciando tu humanidad.

Yo mismo se supone que soy Ram Dass, una persona que ha trabajado sobre si misma y debería ser ecuánime, amoroso, presente, claro, compasivo… pero algunas veces estoy cansado, enfadado o irritable… antes cuando entraba en esos estados me sentía avergonzado porque «asi no es como Ram Dass debería ser». Así que me mostraba cálido, encantador, compasivo… pero realmente estaba fingiendo. Hasta que me di cuenta de que eso no estaba bien, que eso me desconectaba del resto de seres humanos. Tenía que arriesgarme a ser verdadero, porque lo que ofrecemos a los demás es nuestra verdad y esa verdad lo incluye todo… y lo primero que debía hacer era aceptar mi propia verdad. Tenía que permitirme a mi mismo ser un ser humano.

En ese proceso me ayudó mi amigo imaginario al que le preguntaba: «¿qué se supone que hago en la Tierra?» y el me respondió «ya que estás en la Tierra… ¿por qué no intentas ser humano?«.

Y es que hasta la fecha siempre había pensando que el camino hacia Dios consistía en negar mi humanidad y entregarme a lo divino, pero fue entonces que me di cuenta que el camino hacia la verdad puede que sea aceptando enteramente el lugar donde me encontraba en cada momento, es decir: mi humanidad y mi divinidad.

Asi es como he llegado a un punto donde «soy lo que soy» mucho más y a algunas personas les gusta y a otras no les gusta, y se les gusta es su problema y si no les gusta es su problema. No todo es cosa mía, o al menos no tanto… es un proceso lento.

Lo que me di cuenta es que desde el momento en que empecé a permitirme a mi mismo ser humano, ser lo que soy, las cosas empezaron a cambiar con mayor rapidez en mi, las cosas se disipaban más rápidamente… es como si hubiera estado encerrado en un modelo basado en esa negatividad, en esa falta de aprecio hacia mi mismo… y en cuanto me permití ser humano con todas mis rarezas fue cuando empezé a fluir y empecé a sentir que el cambio se producía en mi.

Entonces fue cuando empecé a experimentar mi propia belleza y me asustó, porque era algo tan disonante y discrepante con el modelo que había estado cultivando de mi mismo durante todos estos años: pensaba que tenía que ser bueno para poder ser hermoso y la idea de simplemente SER (…) Empecé a aumentar mi conciencia para ser capaz de observar el Universo tal y como es, y ser capaz de contemplar lo que llaman la horrible belleza… porque hay horror y belleza en todo, ya que también hay deterioro y decadencia en todo, nosotros mismos nos deterioramos. Miro mi mano y se está deteriorando… y es algo hermoso, pero también es horrible… pero tengo que vivir con eso y asi consigo empezar a ver la belleza en ello.

Asi que hablemos de apreciar lo que es, no de amarse a uno mismo como contraposición a no quererse a uno mismo. Sólo permitámonos ser uno mismo. En el momento en que empiezas a permitirte ser… ocurre el cambio. Eso es lo que está detrás de las polaridades y creo que eso es lo importante.

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yonqui del amor

En este mundo de una manera u otra todos nos enganchamos a alguna droga, un néctar que aprendemos a destilar de esta realidad y que consigue llenar algún recoveco seco de nuestra alma.

Algunos son yonquis del buen comer y la buena vida… y los ves en El Mercado de Chamartín comprando las aceitunas gordas con vinagre que tanto le gustan o los filetes de vaca gallega premium.

A otros les pirra el sexo, el juego de la seducción y sentirse deseados, sus vidas aspiran a convertirse en una canción de reguetón que nunca acaba; con mujeres que te miran desde la otra punta de la barra e historias locas en ascensores y cuartos de baños.

A otros les vuelve locos el poder y se convierten en escaladores de jerarquías de corporaciones internacionales o encontrarán su hueco en la política.

Otros juegan a alcanzar la perfección física y corporal, la belleza perenne, el elixir de la eterna juventud. Otros son yonquis del amor e intentarán exprimirlo en los lugares más recónditos.

¿Cuál ha sido mi droga? Es algo que me llevaba preguntando durante varios días y he tenido que encontrar la respuesta en un sueño lúcido que tuve esta misma noche. En él alguien poderoso repasaba mis logros profesionales con sincera admiración al tiempo que me felicitaba por ellos.

Pero igual que ocurre con las drogas químicas, uno cada vez necesita más para conseguir el mismo efecto… y llega un momento que el castillo de naipes no hay forma de mantenerlo en pie.

Pero no hay que preocuparse porque hay otras muchas drogas a tu disposición, algunas tan sofisticadas que ni parecen drogas: la búsqueda de la libertad, el crecimiento personal, la espiritualidad, la paternidad….

El mundo seguirá materializando tus anhelos siempre y cuando seas capaz de desearlos con la suficiente intensidad.

Hasta que te hartes de ese juego.

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Crecimiento personal

El patito feo

Mi hijo tenía la obra de Navidad hoy en el cole donde interpretaban El Patito Feo y mientras que grababa con el móvil uno de esos videos -que raro será que vuelva a ver en mi vida- confieso que me abstraí pensando: menudo timo de historia.

Vamos a ver, el patito feo recibe palo tras palo y lo único que hace es llorar amargamente sus penas hasta que un día mágicamente despierta siendo un cisne.

No dudo que en el interior de todo ser humano se esconda un cisne en potencia, que seamos un diamante en bruto… pero la transformación no ocurre sin poner nada de nuestra parte. Para muchos -entre los que me incluyo- requiere trabajo, introspección, compromiso y algo de fe.

Por suerte hay mucha gente que ha vivido este proceso y que ha escrito sobre ello, gracias a ellos no estarás nunca completamente sólo, pero aun así ni leyendo durante años miles de libros sobre el tema cambiarás el hecho de que llegado un momento toca pasar a la acción, remangarse y comerse el sapo.

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Crecimiento personal

Te perdono, yo soy libre y tú eres libre

Últimamente vengo trabajando en el libro Life Visioning de Michael Beckwith un «Proceso de transformación para activar tus dones y alcanzar tu mayor potencial».

Un libro que nos habla de las distintas fases que se han de recorrer para progresivamente abandonar tu viejo yo y comenzar tu transformación hacia una versión mejorada de ti mismo.

Para ir consolidando las distintas fases uno debe trabajar sobre ellas, no es algo que simplemente se lea y ocurra mágicamente; además independientemente del trabajo que uno ponga en ello, uno sólo avanza de estadio cuando le llega el momento… no es algo que se pueda controlar por completo.

El punto del partida desde donde empezamos la mayoría es el «Estado de conciencia de Víctima» que se resume en que aun proyectamos la culpa de nuestra realidad en el exterior, ya sea en tus padres, en las familia en la que has nacido, en el azar, la mala suerte, el horóscopo, en tu personalidad, tu educación, tu nivel de salud, tu ADN…

Sinceramente al leer sobre ello y ver videos dónde lo explica con más detalle pensé que este estadio lo tenía superado ya que desde que leí sobre el triángulo dramático de Karpman allá por el 2004, me he pasado la vida cuidándome de no adoptar mi papel favorito (el de «rescatador») con todas las «víctimas» errantes de este mundo encarnadas es mujeres atractivas.

Cuál sería mi sorpresa descubrir al trabajar sobre este capítulo que en lo más recóndito de mi ser se esconde también una víctima que deposita en otros la responsabilidad de su propia felicidad y busca excusas externas como causa de sus limitaciones.

El objetivo de todo este trabajo es dejar el estado de víctima atrás y pasar a responsabilizarte de tu vida y destino plenamente. Para poder despegar hacia un nivel superior necesitamos dejar atrás los sentimientos de rencor, resentimiento o decepción que nos anclan a ciertas personas: por eso uno de los ejercicios consiste en escribir la lista de personas que te han hecho daño a lo largo de tu vida, sorprendentemente mi lista se extiende bastante hasta cerca de una docena.

Una vez completada la lista de nombres vas pronunciando afirmaciones de perdón hacia cada una de ellas para irte desprendiendo de esa carga. Mientras recorría mi lista de archienemigos me di cuenta de un patrón que cumplían muchas de estas personas, en cierta manera me di cuenta de que no es que tenga una docena de conflictos distintos es que siempre tengo los mismos conflictos pero con distintos personajes.

Es como si tuviera que aprobar un examen de Matemáticas y Química, me presento, suspendo y vuelvo a presentarme pasados unos años pero con un profesor diferente: ¡pero la asignatura es la misma! Yo soy el que suspendo y como esos alumnos inmaduros de Instituto grito al cielo diciendo: ¡la culpa es de X que me ha cateado!

Si analizo a esos «profesores» que me vuelven a poner a prueba cada cierto tiempo pero que no dejan de ser simples figurantes interpretando un papel que les ha sido asignado compruebo que:

  • son personas que admiro por sus cualidades.
  • cualidades que yo no encuentro en mi y no considero a mi alcance.
  • me pongo a su servicio para estar cerca de ellas y de «su magia».
  • las sigo y sirvo incondicionalmente.
  • me entrego completamente, hago míos sus problemas y pongo sus necesidades por delante de las mías.

Y cómo podéis imaginar la historia no termina muy bien.

¿Será verdad que la vida nos pone una y otra vez delante de la misma piedra en el camino hasta que aprendemos la lección?

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Crecimiento personal

¿Cuales son tus talentos?

A veces resulta difícil creer en uno mismo, en tus capacidades, en tu potencial. El trabajo, el día a día,la rutina, el estar encerrados en un estado psicológico de supervivencia… van envenenando tu creatividad y con el paso de los años te conviertes simplemente en «uno más». Otra neurona más de esa inteligencia colectiva que se pasa el día reaccionando a las cosas que pasan sin una estrategia de vida definida, sin objetivos, sin una misión.

Reflexionar sobre tus talentos o virtudes es imposible si te consideras simplemente uno más. Ninguno somos «uno más», no obstante si tú mismo lo olvidas… entonces lo acabarás siendo, en lo que probablemente es una de las más trágicas profecías auto-cumplidas.

¿Cuales son mis talentos? ¿cuales de mis habilidades son escasas? ¿qué me diferencia de resto? ¿cómo puedo aportar valor? Son reflexiones que solamente puedes hacer tú, es un trabajo interior. Si estás esperando al maestro, la mentor, coach o al jefe que por fin consiga ver el diamante en ti, que vea el potencial que ni siquiera tú eres capaz de identificar, que crea en ti tan fervientemente que hasta tú termines creyendo en ti… lo siento mucho pero probablemente estás perdiendo el tiempo.

Ese tipo de historias no digo que no pasen, pero normalmente ocurren en las películas… y nos encantan. Tenemos un buen ejemplo en «A start is born». Esa camarera cantante amateur descubierta por la estrella de la música que la termina alzando hasta el infinito.

«All you gotta do is trust me«, confía en mi… cree en lo que yo veo en ti que tú no puedes ver.

Cómo uno no va a llorar con estas películas, están hechas para eso… Pero cuando terminan y se vuelven a encender las luces de la sala, toca remangarse y ponerse a trabajar en uno mismo.

Nadie más va a hacerlo por ti.