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Crecimiento personal

El juego de la vida

El Gran Camino no es difícil para aquellos que no tienen preferencias.

Hsin Hsin Ming

El juego de la vida es más fácil de jugar si aceptas que no eres tú el que está jugando. Si comprendes la naturaleza del juego y dejas hacer su trabajo al jugador.

Si te levantas cada día dándolo todo… pero en lo más profundo de tu ser sinceramente no te importa ganar o perder.

Si en última instancia aceptas que tal vez ni siquiera nosotros manejamos las fichas.

Lo único cierto es que la partida acabará y sólo te llevarás contigo lo aprendido… tal vez ni eso.

Si en cualquier momento eres capaz de mirar al cielo y maravillarte: confía que lo estás haciendo bien.

pd – y no intentes explicarlo, corres el riesgo de parecer que te estás volviendo loco

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Crecimiento personal

¿Quién te crees que eres?

Déjame que te cuente un secreto: esa persona que crees ser… es sólo una fantasía que solo existe en tu cabeza, en la mente de las personas que te rodean y en el recuerdo de las que te han conocido. Si realmente lo deseas y estás dispuesto a ello puedes dejarla atrás y trascender a un nuevo nivel.

Simplemente saber que eso que confundes con tu YO es una invención, algo que fuiste creando poco a poco para sobrevivir a este mundo, es la fórmula secreta más poderosa que uno puede llegar a dominar.

Pero no es sencillo…

El proceso no es carente de dolor y sufrimiento. Estamos acostumbrados a decirnos a nosotros mismos «yo no soy así», «yo eso no lo puedo hacer», «yo no soy bueno en eso», «a mi eso no se me da bien»…

Nosotros mismos nos aseguramos de reforzar cada día los muros que nos aprisionan, de mantenerlos fuertes para que nos protejan y nos definan.

Creemos que son muros insalvables, inamovibles, infranqueables… pero no es asi, lo podemos derribar y construir de nuevo a cientos de kilómetros de distancia. O aun mejor, derribarlos y no construir nada: ser libres. Libres de elegir cómo seremos en cada momento de nuestra existencia.

Porque no se trata de crear otro personaje más refinado, más popular, más aceptado, una nueva versión mejorada de nosotros mismos, otro traje de Iron Man 2.0… ya lo decía Tyler Durden: self improvement is masturbation.

Se trata de dejar de ser ese alguien y simplemente ser.

Becoming Nobody es el documental sobre la vida de Ram Dass que plantó el germen de estos pensamientos en mí.

Everyone’s busy being somebody” – Ram Dass

Pero no es sencillo…

La gente que nos conoce tampoco quiere que cambiemos, cuentan con nuestra consistencia . A ellos eso también les hace sentir seguros, si tú sigues siendo como siempre has sido… ellos ya saben con lo que cuentan, a que atenerse, a que agarrarse… incluso conocer tus defectos que tanto les irritan les tranquiliza.

Además, si tú no cambias, eso significa que «la gente no cambia» y que ellos tampoco pueden cambiar… así que pueden permanecer cómodamente asentados en su inmutable forma de ser. Y es que si lo piensas ¿por qué alguien querría emprender el camino de dejar de ser quién es? Se está tan calentito siendo uno mismo, se te da tan bien ser tú… es una manta que te abriga y que siempre está contigo.

Pero ese personaje a algunos ya nos pesa, nos aprisiona y sentimos la necesidad de dejarlo atrás… pensábamos que éramos auténticos, pero esa autenticidad no era más que otro broche de los muchos que adornaban la solapa de nuestro traje.

Llegamos desnudos a este mundo y nos iremos de la misma manera.

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El infierno es una fachada de chino

Las fachadas de «algunos» chinos representan todo lo que yo no quiero en esta vida: suciedad, desorden, dejadez y caos. Si alguien quisiera diseñar un infierno a mi medida, un sitio creado con el propósito de hacerme sufrir… le bastaría con inspirarse en la imagen de esta entrada: la entropía personificada.

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Mis historias

Ram Dass ¿cómo nos podemos querer más a nosotros mismos?

Este artículo es una traducción libre del video «Ram Dass – How to Love Your Self«, una transcripción en inglés del mismo está disponible en Medium: Ram Dass, how can we love ourselves more?. La traducción es libre y se ha flexibilizado para que se pueda entender mejor… si bien con ello inevitablemente se corre el riesgo de alterar el significado original.

Fernando Plaza

En lugar de «¿cómo podemos amarnos más a nosotros mismos?» preferiría preguntar «¿cómo podemos aceptarnos más a nosotros mismos?«.

La mayoría de nosotros ha pasado por un proceso de solicialización, un proceso a través del cual el niño recibe su primer aprendizaje. Los padres sienten la presión por socializar al niño, la presión por convertir al niño en «funcional» a nivel social… y durante ese proceso –de manera intencionada o no– premian o reprimen emocionalmente el comportamiento del niño. Como resultado de eso, sobre todo cuando se empieza muy pronto -antes de que el niño sea capaz de racionalizar ese proceso- este desarrolla un sentimiento emocional de que algunas cosas en él por naturaleza no son aceptables. El resultado son ciertos sentimientos de minusvalía o inadecuación en la mayoría de los seres humanos como resultado de la socialización. Podríamos afirmar que muy pocas personas consiguen atravesar ese proceso sin algún tipo de mella a un nivel u otro.

Freud entendió que la represión de los impulsos como consecuencia de la manera en la que la sociedad necesita socializar a los niños suele conllevar que el niño desarrolle sentimientos del tipo: «de alguna manera soy malo, hay cosas en mi que no son aceptables«.

Y así nos encontramos personalidades que constantemente miran al mundo y al resto preguntándose: «¿me apruebas? ¿te gusto? ¿soy suficientemente bueno? ¿soy digno de tu aceptación? ¿he conseguido lo suficiente?«. Buscamos que nuestro profesor nos ponga un «Sobresaliente» o una «Matricula de honor» para sentirnos bien… pero si no los obtenemos no es que no sientas nada, es que te sientes mal. Es como si el punto de partida estuviera en negativo, no en el cero.

Asi es como constantemente usamos nuestras experiencias vitales para refutar un sentimiento negativo que tenemos sobre nosotros mismos. Algo extremadamente común en estructuras sociales y desarrollo humano. Así nos encontramos con mucho sistemas psicológicos como el de Freud que trabajan entre ese «negativo» y el «cero».

Detrás de todo eso la dimensión espiritual mira el Universo y simplemente lo contempla «tal y como es». Cuando tienes algo negativo, para deshacerlo intentas enfatizar lo positivo… si no te gustas a ti mismo, querrás pasar a amarte a ti mismo y de ahí la pregunta «¿cómo podemos amarnos más a nosotros mismos?«. Pero si vamos más allá del odio y el amor, hay un lugar donde simplemente nos aceptamos a nosotros mismos y nuestra humanidad.

La palabra que he encontrado y me siento más cómodo utilizando es «apreciación», podemos simplemente apreciar lo que es.

Resulta interesante que si andamos por un bosque somos capaces de mirar a los árboles y apreciarlos, no decimos «este árbol está bien y este esta mal, ese árbol es gordo y ese otro es delgado, ese alto y ese es bajo, ese está torcido y ese está derecho«. Los miramos y los apreciemos tal y como son, son lo que son… y podemos apreciarlos de esa manera.

Sin embargo en cuanto nuestra mirada se posa en otros humanos, es interesante como en seguida entramos en modo-juicio y nos metemos de lleno en el terrero del «mejor» y «peor»… y entramos ahí como consecuencia de nuestras propias inseguridades y de nuestra constante necesidad de reafirmarnos a nosotros mismos.

Así que pensamos «esa persona tiene más pelo que yo» o cualquier otra dimensión que valorar o juzgar si somos más, menos o igual. Así es como quedamos atrapados en el reino del juicio… pero y si practicas el mirar a las otras personas como lo harías a los árboles, simplemente apreciándolos tal y como son, incluyéndote a ti mismo, simplemente apreciándote tal y como eres, apreciando tu humanidad.

Yo mismo se supone que soy Ram Dass, una persona que ha trabajado sobre si misma y debería ser ecuánime, amoroso, presente, claro, compasivo… pero algunas veces estoy cansado, enfadado o irritable… antes cuando entraba en esos estados me sentía avergonzado porque «asi no es como Ram Dass debería ser». Así que me mostraba cálido, encantador, compasivo… pero realmente estaba fingiendo. Hasta que me di cuenta de que eso no estaba bien, que eso me desconectaba del resto de seres humanos. Tenía que arriesgarme a ser verdadero, porque lo que ofrecemos a los demás es nuestra verdad y esa verdad lo incluye todo… y lo primero que debía hacer era aceptar mi propia verdad. Tenía que permitirme a mi mismo ser un ser humano.

En ese proceso me ayudó mi amigo imaginario al que le preguntaba: «¿qué se supone que hago en la Tierra?» y el me respondió «ya que estás en la Tierra… ¿por qué no intentas ser humano?«.

Y es que hasta la fecha siempre había pensando que el camino hacia Dios consistía en negar mi humanidad y entregarme a lo divino, pero fue entonces que me di cuenta que el camino hacia la verdad puede que sea aceptando enteramente el lugar donde me encontraba en cada momento, es decir: mi humanidad y mi divinidad.

Asi es como he llegado a un punto donde «soy lo que soy» mucho más y a algunas personas les gusta y a otras no les gusta, y se les gusta es su problema y si no les gusta es su problema. No todo es cosa mía, o al menos no tanto… es un proceso lento.

Lo que me di cuenta es que desde el momento en que empecé a permitirme a mi mismo ser humano, ser lo que soy, las cosas empezaron a cambiar con mayor rapidez en mi, las cosas se disipaban más rápidamente… es como si hubiera estado encerrado en un modelo basado en esa negatividad, en esa falta de aprecio hacia mi mismo… y en cuanto me permití ser humano con todas mis rarezas fue cuando empezé a fluir y empecé a sentir que el cambio se producía en mi.

Entonces fue cuando empecé a experimentar mi propia belleza y me asustó, porque era algo tan disonante y discrepante con el modelo que había estado cultivando de mi mismo durante todos estos años: pensaba que tenía que ser bueno para poder ser hermoso y la idea de simplemente SER (…) Empecé a aumentar mi conciencia para ser capaz de observar el Universo tal y como es, y ser capaz de contemplar lo que llaman la horrible belleza… porque hay horror y belleza en todo, ya que también hay deterioro y decadencia en todo, nosotros mismos nos deterioramos. Miro mi mano y se está deteriorando… y es algo hermoso, pero también es horrible… pero tengo que vivir con eso y asi consigo empezar a ver la belleza en ello.

Asi que hablemos de apreciar lo que es, no de amarse a uno mismo como contraposición a no quererse a uno mismo. Sólo permitámonos ser uno mismo. En el momento en que empiezas a permitirte ser… ocurre el cambio. Eso es lo que está detrás de las polaridades y creo que eso es lo importante.

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Crecimiento personal

Mi locura soñada

Hace un tiempo comenté por aquí que me gustaría irme a vivir a un pueblo tipo Manzanares El Real y así finalmente escapar de la contaminación de este Madrid en el que he vivido prácticamente toda mi vida a excepción de cinco maravillosos años que pasé en Albacete.

Durante estos meses de confinamiento y baja polución los madrileños hemos podido descubrir el auténtico cielo de Madrid… que nada tiene que ver con la boina marrón que me encuentro cada fin de semana a la vuelta de mis visitas a la sierra.

Sin ir más lejos este sábado fui con mis peques a La Pedriza que estaba hasta los topes, todos los parkings estaban llenos así que tuvimos que callejear e invadir la tranquilidad de los locales… mientras que buscaba con desesperación donde aparcar una señora me empezó a gesticular de manera muy airada con cara de pocos amigos… pero como tenía el día simpático avance hasta ella y bajé la ventanilla.

  • ¡Que te has metido por prohibida! – me gritó
  • ¿¡Pero qué me dice?! – le contesté con una sonrisa.
  • ¡Si es que no miráis! ¡No miráis! ¡Te has dejado atrás la señal de prohibido… pero os da igual! – continuo bastante exaltada.

La señora tenía más razón que un santo, si bien en mi defensa diré que todos los coches estaban aparcados en sentido contrario al de la calle y eso me despistó.

Para empatizar con la señora utilicé una técnica que casi nunca falla: verbalizar exactamente lo que está pensando la persona, pero no se atreve a decir por miedo a ser irrespetuosa:

  • Desde luego, pensará Usted que hemos venido los de la capital a invadirles el pueblo: ¡con lo tranquilos que estaban!

Por alguna razón esto a la gente le relaja enormemente.

En el famoso libro de negociación «Never Split the Difference» a esta técnica Chris Voss la llama «labeling» (etiquetar): cuando etiquetamos una emoción o un pensamiento negativo ajeno que no ha aflorado todavía a la superficie disipamos de golpe la tensión… aunque parezca extraño.

La señora se desinfló como un globo:

  • Si ya sé que se está muy bien aquí en la Sierra, pero es que no cabemos más…

Así que nada, tras una risas, tiré marcha atrás con el coche, conseguí aparcar en otro sitio y pude disfrutar de una maravilloso día que nos regaló imágenes como esta:

No necesito vivir en el campo y tirarme dos horas en la carretera todos los días, puedo vivir en la ciudad y seguir disfrutando de poder ir andando a la oficina y los fines semana si me apetece irme a la montaña a limpiar los pulmones.

Viviendo en Madrid puedo escapar a las afueras, pero si viviera en la Sierra: ¿a dónde escaparía?

Hay muchas cosas que se pueden disfrutar sin tener que poseerse.