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10 consejos para la vida que le enseñarías a tu hijo

Allá por el año 2008 un grupo de locos con blog creamos El Reto Blogger, un concurso para animarnos a publicar contenido regularmente. En el 2010 hubo una segunda edición, en 2011 una tercera y en 2012 la cuarta y última… hasta la fecha, porque igual que muchos hemos aprovechado el encierro para reconectar con nuestras ex y zanjar temas pasados, el reto vuelve con un nombre que le viene que ni pintado El RetRo Blogger.

Pero tranquilos que nos lo vamos a tomar con calma y no os voy a saturar vuestra bandeja de entrada con demasiados posts: este Retro llega muy light y sólo tengo que escribir una entrada semanal hasta sumar cuatro, empezando por la de hoy: 10 consejos sobre la vida que le darías a tus hijos.

Para empezar diré que no sé quién narices ha propuesto esta temática, pero ya está repetida, en la segunda edición del reto ya escribimos algo similar y lo bordé: 5 cosas que aprendí de la vida (y que me gustaría transmitir a mis hijos).

Tras releer esa entrada, que por cierto escribí cuando aun no tenía hijos, tengo que decir que suscribo hasta la última coma… tanto es así que voy a continuar desde donde lo dejé con otros cinco consejos de igual calado.

6 – Si dos mujeres te proponen hacer un trio, tú di que sí… y luego ya verás como te las apañas. Como ya he comentado por aquí a mí las mujeres ya casi no me interesan en plan carnal, pero sinceramente no me hubiera importado haber experimentado un poquito más antes de sumergirme de lleno en el matrimonio.

Imagen: Angus Barbieri (Wikimedia Commons)

7 – No necesitas comer todos los días. No pasa nada si no comes un día, ni dos, ni una semana… harías bien en comprobarlo tú mismo. De hecho el récord está en 382 días sin comer, aunque hay que decir Angus Barbieri estaba bastante grueso cuando comenzó su ayuno. Te digo esto para que no te conformes con lo primero que te salga por miedo a morir de hambre… eso de que hay que comer tres veces al día es un invento moderno.

8 – Abraza el minimalismo. No cargues tu vida de trastos que tendrás que ir transportando de un lado a otro. Créeme no necesitas nada de eso para ser feliz. Ten muy pocas cosas y dentro de lo posible las que tengas que sean de calidad… yo mismo estoy aquí escribiendo esta entrada con mi MacBook Pro que me costó una pasta pero que ya tiene más de cuatro años y funciona de maravilla.

9 – Cuida de la familia. Entendiendo la familia en sentido amplio… no sólo a los de tu sangre: tú eliges quienes son los tuyos. Ámalos, cuídalos y no tengas reparo en añadir nuevos miembros… nunca es tarde para conocer gente maravillosa. Quiere a las personas de corazón sin esperar nada a cambio.

10 – Tu vida te pertenece, vívela como te de la gana. Eso se aplica a todos estos consejos que te he dado, no hagas caso a ninguno de ellos si no quieres. A mí luego no vengas a pedirme responsabilidades, toma tú tus decisiones, escúchame o decide no hacerlo… yo te voy a querer igual.

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yonqui del amor

En este mundo de una manera u otra todos nos enganchamos a alguna droga, un néctar que aprendemos a destilar de esta realidad y que consigue llenar algún recoveco seco de nuestra alma.

Algunos son yonquis del buen comer y la buena vida… y los ves en El Mercado de Chamartín comprando las aceitunas gordas con vinagre que tanto le gustan o los filetes de vaca gallega premium.

A otros les pirra el sexo, el juego de la seducción y sentirse deseados, sus vidas aspiran a convertirse en una canción de reguetón que nunca acaba; con mujeres que te miran desde la otra punta de la barra e historias locas en ascensores y cuartos de baños.

A otros les vuelve locos el poder y se convierten en escaladores de jerarquías de corporaciones internacionales o encontrarán su hueco en la política.

Otros juegan a alcanzar la perfección física y corporal, la belleza perenne, el elixir de la eterna juventud. Otros son yonquis del amor e intentarán exprimirlo en los lugares más recónditos.

¿Cuál ha sido mi droga? Es algo que me llevaba preguntando durante varios días y he tenido que encontrar la respuesta en un sueño lúcido que tuve esta misma noche. En él alguien poderoso repasaba mis logros profesionales con sincera admiración al tiempo que me felicitaba por ellos.

Pero igual que ocurre con las drogas químicas, uno cada vez necesita más para conseguir el mismo efecto… y llega un momento que el castillo de naipes no hay forma de mantenerlo en pie.

Pero no hay que preocuparse porque hay otras muchas drogas a tu disposición, algunas tan sofisticadas que ni parecen drogas: la búsqueda de la libertad, el crecimiento personal, la espiritualidad, la paternidad….

El mundo seguirá materializando tus anhelos siempre y cuando seas capaz de desearlos con la suficiente intensidad.

Hasta que te hartes de ese juego.

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Experimentos en el encierro

Ahora que no podemos salir de nuestras casas ni rellenar nuestra agendas con distracciones te propongo que cuando tengas un rato hagas un experimento de auto-conocimiento.

Abre a tu cliente de correo habitual, vete a la carpeta de Correos Enviados y navega hasta el correo más antiguo que puedas alcanzar y desde ese punto empieza revisar hacia delante.

Yo utilizo Gmail desde hace mucho y he conseguido remontarme al 2005, hace 15 años cuando ni siquiera había cumplido los 30… es como viajar en el tiempo, navegar al pasado y leer cómo escribía esa otra persona que todavía no tenía pareja, ni hijos ni excesivas responsabilidades.

Reencuentrate con una versión de ti más inexperta, más ingenua… pero al mismo tiempo mucho más valiente y hambrienta. Lee tus correos como si fueran los de un extraño, por ejemplo como si se trataran de los correos de un nuevo compañero de proyecto al que todavía no conoces e intentas saber «de qué palo va«.

Recuerda la persona que eras… y si tienes tiempo para rizar el rizo cuando te hayas empapado bien de tu «yo pasado» repite la operación pero con un «yo tuyo más reciente» revisando los correos que escribiste hace dos meses.

¿Notas la diferencia?

¿Qué has perdido y que has ganado en el camino?

¿Qué has de recuperar de eso que una vez estuvo en ti?

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Los problemas en mi familia se miden en kilos

Me resulta curioso comprobar que dos de las entradas más populares de este blog siguen siendo «Recuperando la forma física a partir de los 30» y «Un año después y diez kilos menos» en los que relataba mi experiencia perdiendo peso.

Lamentablemente esos artículos son muy antiguos y no reflejan lo que actualmente pienso sobre los problemas relacionados con el peso, tanto al alza como a la baja.

Ahora creo que todo tiene más que ver con ese quote de la mítica película Million Dollar Baby: «Trouble in my family comes by the pound«… que creo que al español se tradujo más o menos como «En mi familia los problemas se miden en kilos».

O dicho de otra manera, en muchas ocasiones el peso no es más que una somatización.

Es «otro problema» el que te hace comer de más o el que te cierra el estómago y te impide comer lo suficiente… y como consecuencia de ello engordas o te quedas demasiado delgado. Si ese problema desaparece o tomas conciencia de él y aprendes a sobrellevarlo de una manera más saludable tu peso vuelve a regularse por si solo.

Por supuesto que si aplicas una disciplina férrea controlando minuciosamente lo que te metes en la boca o matándote a cardio en el gym tu peso sufrirá variaciones pero ¿no debería bastar con comer cuando tenemos hambre y dejar de hacerlo cuando estamos saciados?

Yo actualmente peso unos 73 y creo que todavía me sobran algunos kilos… pero ya no me molesto en restringir mi dieta y si voy al campo los fines de semana no es para quemar calorías. Mi foco está centrado en vencer mis miedos, liberarme de la vergüenza, vivir acorde a mis principios… y otras muchas cosas que quedarían englobadas dentro del CRECIMIENTO PERSONAL y tengo el convencimiento de que «mi peso ideal» es algo que vendrá después como consecuencia de todo ello.

Es más creo que según me vaya acercando a ese estado mental y vibracional al que aspiro el dichoso numerito de la balanza me la traerá al pairo.

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El patito feo

Mi hijo tenía la obra de Navidad hoy en el cole donde interpretaban El Patito Feo y mientras que grababa con el móvil uno de esos videos -que raro será que vuelva a ver en mi vida- confieso que me abstraí pensando: menudo timo de historia.

Vamos a ver, el patito feo recibe palo tras palo y lo único que hace es llorar amargamente sus penas hasta que un día mágicamente despierta siendo un cisne.

No dudo que en el interior de todo ser humano se esconda un cisne en potencia, que seamos un diamante en bruto… pero la transformación no ocurre sin poner nada de nuestra parte. Para muchos -entre los que me incluyo- requiere trabajo, introspección, compromiso y algo de fe.

Por suerte hay mucha gente que ha vivido este proceso y que ha escrito sobre ello, gracias a ellos no estarás nunca completamente sólo, pero aun así ni leyendo durante años miles de libros sobre el tema cambiarás el hecho de que llegado un momento toca pasar a la acción, remangarse y comerse el sapo.