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Tecnología

El invento tecnológico más importante de la historia

Estaba yo dándole vueltas al último tema del Retro Blogger y la verdad es que no se me ocurría nada. Le pregunté a mi amigo Hooman, que es ingeniero electrónico y me dijo que una buena respuesta serían los Circuitos Integrados.

Mi problema es que nunca he conseguido entender cómo funcionan los circuitos integrados, ni tampoco los circuitos normales con componentes electrónicos discretos… y no será porque no lo haya intentado. Sin ir más lejos hoy me he pasado toda la tarde viendo videos de YouTube y leyendo artículos de la Wikipedia, pero aun así no he conseguido ese «click» mental.

Lo más probable es que se deba a que debería empezar más abajo: los circuitos integrados no se pueden entender sin saber lo que es un transistor y un transistor es difícil de comprender si no entiendes lo que hace especiales a materiales semiconductores como el silicio…. pero antes de todo eso uno debería entender que es la corriente eléctrica y como funciona, qué es un emisor, un colector… en definitiva: todos los pilares de conocimiento sobre los que se asientas esas invenciones.

Cuando aprendí a programar webs lo hice tratando de entender el código fuente de webs que estaban publicadas. En sus orígenes, cuando todo era mucho más sencillo, podías ver algo que te gustaba, aislar esa funcionalidad que te interesaba y después intentar entenderla a base de hacer pequeñas modificaciones. Es el famoso corta y pega aplicado a la programación que tanta mala fama se ha ganado: a partir de algo en funcionamiento es sencillo empezar a entender algo… pero si algo no funciona es bastante difícil porque haces un cambio… no pasa nada, haces otro… sigue sin pasar nada. ¿Cómo vas a aprende así? Es como darle un grifo a un niño para que intente entender cómo funciona sin conectarlo al agua.

Pero si hay algo que he comprendido con el paso del tiempo es que no todos los cerebros funcionan de la misma manera. Existen otro tipo de personas que necesitan asentar bien las bases del conocimiento antes de adentrarse en la experimentación… algunos nunca llegan a la experimentación practica. De hecho existen «físicos teóricos» y «físicos experimentales».

Con mi apreciado compañero Francisco en ENZO me topo muchas veces con esas sutiles diferencias. Yo soy más impaciente y necesito ver avances, sentir que voy haciendo progresos… en ocasiones tengo un cierto instinto para encontrar las soluciones a problemas complejos, esto se suele materializar en que en ocasiones resuelvo en minutos cosas en las que él lleva atascado un buen rato buscando teoría y documentación.

No obstante mi ego inflado no tarda en encontrar la horma de su zapato porque en otras situaciones soy yo el que me atranco y no puedo avanzar. Entonces tengo que ir a Francisco a que se apiade de mi y entonces él saca su cuaderno y empieza a darme la clase teórica… y a mi toca templar mi ímpetu y escucharle pacientemente, intentando afianzar los conceptos que antes simplemente intuía sin conocer plenamente.

John Bardeen, William Bradford Shockley y Walter Houser Brattain

La historia de los inventores del transistor ilustra precisamente esa dialéctica: un equipo compuesto por mentes brillantes pero muy distintas entre sí… que se complementaron durante el tiempo suficiente antes de que saltaran las chispas para parir una invención que revolucionó el mundo y que fue el germen de grandes compañías como Intel o Sony.

El documental TRANSISTORIZED plasma de manera brillante esa lucha de cerebros que fueron premiados con el Nobel en Física en 1956:

Para alguien como yo que se ha pasado veinte años intentando probarse a sí mismo su valía, buscando esa reafirmación en el éxito exterior… resulta muy atractivo alcanzar un logro que sólo pueda ser achacado a ti mismo. porque si en algo sólo has intervenido tú, entonces tú eres el único responsable de su resultado y si ese resultado es bueno… entonces tú debes ser bueno.

Evidentemente es una falacia como otra cualquiera, una de esas otras muchas drogas que te ofrece la vida para intentar llenar un vacío que sientes en tu interior.

Los grandes éxitos del mundo se logran formando un cerebro colectivo entre varias mentes, complementando carencias y potenciando virtudes. De ahí lo de «si quieres llegar rápido ve solo, si quieres llegar lejos ve acompañado».

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Mis historias

Ram Dass ¿cómo nos podemos querer más a nosotros mismos?

Este artículo es una traducción libre del video «Ram Dass – How to Love Your Self«, una transcripción en inglés del mismo está disponible en Medium: Ram Dass, how can we love ourselves more?. La traducción es libre y se ha flexibilizado para que se pueda entender mejor… si bien con ello inevitablemente se corre el riesgo de alterar el significado original.

Fernando Plaza

En lugar de «¿cómo podemos amarnos más a nosotros mismos?» preferiría preguntar «¿cómo podemos aceptarnos más a nosotros mismos?«.

La mayoría de nosotros ha pasado por un proceso de solicialización, un proceso a través del cual el niño recibe su primer aprendizaje. Los padres sienten la presión por socializar al niño, la presión por convertir al niño en «funcional» a nivel social… y durante ese proceso –de manera intencionada o no– premian o reprimen emocionalmente el comportamiento del niño. Como resultado de eso, sobre todo cuando se empieza muy pronto -antes de que el niño sea capaz de racionalizar ese proceso- este desarrolla un sentimiento emocional de que algunas cosas en él por naturaleza no son aceptables. El resultado son ciertos sentimientos de minusvalía o inadecuación en la mayoría de los seres humanos como resultado de la socialización. Podríamos afirmar que muy pocas personas consiguen atravesar ese proceso sin algún tipo de mella a un nivel u otro.

Freud entendió que la represión de los impulsos como consecuencia de la manera en la que la sociedad necesita socializar a los niños suele conllevar que el niño desarrolle sentimientos del tipo: «de alguna manera soy malo, hay cosas en mi que no son aceptables«.

Y así nos encontramos personalidades que constantemente miran al mundo y al resto preguntándose: «¿me apruebas? ¿te gusto? ¿soy suficientemente bueno? ¿soy digno de tu aceptación? ¿he conseguido lo suficiente?«. Buscamos que nuestro profesor nos ponga un «Sobresaliente» o una «Matricula de honor» para sentirnos bien… pero si no los obtenemos no es que no sientas nada, es que te sientes mal. Es como si el punto de partida estuviera en negativo, no en el cero.

Asi es como constantemente usamos nuestras experiencias vitales para refutar un sentimiento negativo que tenemos sobre nosotros mismos. Algo extremadamente común en estructuras sociales y desarrollo humano. Así nos encontramos con mucho sistemas psicológicos como el de Freud que trabajan entre ese «negativo» y el «cero».

Detrás de todo eso la dimensión espiritual mira el Universo y simplemente lo contempla «tal y como es». Cuando tienes algo negativo, para deshacerlo intentas enfatizar lo positivo… si no te gustas a ti mismo, querrás pasar a amarte a ti mismo y de ahí la pregunta «¿cómo podemos amarnos más a nosotros mismos?«. Pero si vamos más allá del odio y el amor, hay un lugar donde simplemente nos aceptamos a nosotros mismos y nuestra humanidad.

La palabra que he encontrado y me siento más cómodo utilizando es «apreciación», podemos simplemente apreciar lo que es.

Resulta interesante que si andamos por un bosque somos capaces de mirar a los árboles y apreciarlos, no decimos «este árbol está bien y este esta mal, ese árbol es gordo y ese otro es delgado, ese alto y ese es bajo, ese está torcido y ese está derecho«. Los miramos y los apreciemos tal y como son, son lo que son… y podemos apreciarlos de esa manera.

Sin embargo en cuanto nuestra mirada se posa en otros humanos, es interesante como en seguida entramos en modo-juicio y nos metemos de lleno en el terrero del «mejor» y «peor»… y entramos ahí como consecuencia de nuestras propias inseguridades y de nuestra constante necesidad de reafirmarnos a nosotros mismos.

Así que pensamos «esa persona tiene más pelo que yo» o cualquier otra dimensión que valorar o juzgar si somos más, menos o igual. Así es como quedamos atrapados en el reino del juicio… pero y si practicas el mirar a las otras personas como lo harías a los árboles, simplemente apreciándolos tal y como son, incluyéndote a ti mismo, simplemente apreciándote tal y como eres, apreciando tu humanidad.

Yo mismo se supone que soy Ram Dass, una persona que ha trabajado sobre si misma y debería ser ecuánime, amoroso, presente, claro, compasivo… pero algunas veces estoy cansado, enfadado o irritable… antes cuando entraba en esos estados me sentía avergonzado porque «asi no es como Ram Dass debería ser». Así que me mostraba cálido, encantador, compasivo… pero realmente estaba fingiendo. Hasta que me di cuenta de que eso no estaba bien, que eso me desconectaba del resto de seres humanos. Tenía que arriesgarme a ser verdadero, porque lo que ofrecemos a los demás es nuestra verdad y esa verdad lo incluye todo… y lo primero que debía hacer era aceptar mi propia verdad. Tenía que permitirme a mi mismo ser un ser humano.

En ese proceso me ayudó mi amigo imaginario al que le preguntaba: «¿qué se supone que hago en la Tierra?» y el me respondió «ya que estás en la Tierra… ¿por qué no intentas ser humano?«.

Y es que hasta la fecha siempre había pensando que el camino hacia Dios consistía en negar mi humanidad y entregarme a lo divino, pero fue entonces que me di cuenta que el camino hacia la verdad puede que sea aceptando enteramente el lugar donde me encontraba en cada momento, es decir: mi humanidad y mi divinidad.

Asi es como he llegado a un punto donde «soy lo que soy» mucho más y a algunas personas les gusta y a otras no les gusta, y se les gusta es su problema y si no les gusta es su problema. No todo es cosa mía, o al menos no tanto… es un proceso lento.

Lo que me di cuenta es que desde el momento en que empecé a permitirme a mi mismo ser humano, ser lo que soy, las cosas empezaron a cambiar con mayor rapidez en mi, las cosas se disipaban más rápidamente… es como si hubiera estado encerrado en un modelo basado en esa negatividad, en esa falta de aprecio hacia mi mismo… y en cuanto me permití ser humano con todas mis rarezas fue cuando empezé a fluir y empecé a sentir que el cambio se producía en mi.

Entonces fue cuando empecé a experimentar mi propia belleza y me asustó, porque era algo tan disonante y discrepante con el modelo que había estado cultivando de mi mismo durante todos estos años: pensaba que tenía que ser bueno para poder ser hermoso y la idea de simplemente SER (…) Empecé a aumentar mi conciencia para ser capaz de observar el Universo tal y como es, y ser capaz de contemplar lo que llaman la horrible belleza… porque hay horror y belleza en todo, ya que también hay deterioro y decadencia en todo, nosotros mismos nos deterioramos. Miro mi mano y se está deteriorando… y es algo hermoso, pero también es horrible… pero tengo que vivir con eso y asi consigo empezar a ver la belleza en ello.

Asi que hablemos de apreciar lo que es, no de amarse a uno mismo como contraposición a no quererse a uno mismo. Sólo permitámonos ser uno mismo. En el momento en que empiezas a permitirte ser… ocurre el cambio. Eso es lo que está detrás de las polaridades y creo que eso es lo importante.

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Mis proyectos

y si tuviera que emigrar?

El local contiguo a mi oficina es un restaurante italiano llamado ABOCA que hasta donde yo sé –tengo pendiente hablar con ellos– está regentado por una familia venezolana.

Si quieres saber lo que ha pasado en Venezuela sólo tienes que preguntar a los conductores de Cabify que muchos son de allá… te contarán como tuvieron que dejar atrás todo, incluyendo muchos sueños y poner pies en polvorosa. Como siempre los más sagaces lo hicieron antes y pudieron salvar algo de la riqueza acumulada en su otra vida, pero los de las últimas oleadas se fueron prácticamente con lo puesto porque ya nadie les daba nada por lo que dejaron allá.

A poco de empatía que tengas te da por pensar: ¿y yo qué haría en su lugar? ¿cómo conseguiría salir adelante? Divagando sobre estas cosas siempre me han dado cierta envidia los peluqueros, que con llevar un estuchito con una tijera y un peine pueden ganarse la vida en cualquier parte del mundo.

Yo lo tendría algo más difícil porque para empezar: ¿qué soy yo? Un licenciado que nunca ejerció la abogacía y que se enamoró de la informática con 7 años y le pirra tanto que lleva veinte años dedicado a ella.

¿Cuál sería mi primer paso? Intentar encontrar un trabajo por cuenta ajena, probablemente sería lo más seguro y prudente… aunque la última vez que tuve jefe fue con veinte años en Dublín en un McDonald’s y trabajando de panadero en un SPAR.

Trabajar para otro no es que me parezca mal, pero no es mi sueño, mi sueño es conseguir ser como un peluquero pero en lo mío y poderme ganar la vida en cualquier parte del mundo donde haya acceso a Internet.

Para conseguir esa meta, mi nuevo droga… tengo todavía que completar algunos eslabones de la cadena y aunque todavía me falta, a cada paso que doy siento que estoy un poquito más cerca de conseguirlo.

En otras circunstancias terminaría aquí mi entrada, pero mis adversarios del Retro Blogger me acusan de dejar los posts a medias… así que voy a intentar concretar un poco más.

Eslabones con los que me siento tranquilo:

En la parte técnica:

  • He programado durante muchos años en Visual Basic, Vbscript, PHP, Python…
  • Me he sacado recientemente una certificación de AWS Cloud Architect y quiero seguir especializándome en despliegue Cloud.
  • He sido director de proyectos durante 10 años.
  • He tenido mucho trato con cliente final.
  • Tengo experiencia en manejarme en empresas grandes, tratar con otros proveedores, conseguir que la gente te ayude pese a no tener galones.
  • He retomado con fuerza mi inglés.
  • Me estoy poniendo las pilas con hablar en público y similares.

En la parte de negocio:

  • He llevado el ciclo completo de los pedidos desde su presupuestación, aceptación, incurrido y cobro.
  • He llevado la contabilidad de varias empresas durante años.
  • Tengo experiencia implantando ERP en la empresa.
  • Conocimiento de normativa mercantil, fiscal, laboral…

Eslabones en lo que tengo que mejorar:

  • Venderme a mi mismo y mi negocio.
  • Actividad comercial, marketing y publicidad.
  • Negociación en general.
  • Empleados: captación de talento y recursos humanos.

Cuando consiga la cadena completa seré libre, no quiere decir que me vaya a convertir en Rockefeller del día a la noche… pero ya no volveré a tener miedo a que me despidan, a perder un cliente o a tener que emigrar a cualquier parte.

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Crecimiento personal

La mente corazón

Este artículo es mi traducción libre de un fragmento del video Beyond Success – Ram Dass Lecture 1987 [desde 1:00:45]. La transcripción en inglés del mismo fragmento la he publicado en Médium bajo el título The intuitive heart mind by Ram Dass

Fernando Plaza

El cambio de perspectiva necesario para alcanzar el siguiente estado de nuestro viaje pasa por entender que todo lo que pensabas que eras es sólo una parte de lo que eres… y el deseo de cultivar lo que podríamos llamar el meta-sistema en el cual la estructura de tu ego es sólo un sub-sistema.

El problema es que un sub-sistema nunca puede entender el meta-sistema al que pertenece. De ahí la afirmación bíblica «hasta que no mueres no puedes renacer«, en otras palabras no puedes descubrir el sistema mayor si el sistema más pequeño está buscando cómo eludirlo o lograr controlarlo.

Tu mente racional analítica te han llevado al punto en el que estás es este momento, la pregunta ahora es: ¿eres capaz de ver? Es como si hubieras usado una barca para cruzar un océano, finalmente llegas al otro lado y ahora te toca portearla, llevarla a cuestas… o puedes optar por abandonarla y entender que ahora estás en un medio distinto.

El camino consiste en ir más allá de ti mismo, más allá de la herramienta que conseguiste dominar, ahora te toca dejarla atrás un momento… la trampa claro está consiste en que llegaste a pensar que tú eras esa herramienta: cogito ergo sum, pienso luego existo… pero es una falacia, porque es todo lo contrario: soy, luego pienso.

Tu mente pensante es tu siervo y no como le ocurre a la mayoría de personas cuyas mentes son su amo y señor.

Según vas cultivando la meta-conciencia de esa otra parte de tu ser, esa mente intuitiva del corazón: el «xinshen» chino, el «atman» en el hinduismo (en cada sistema ha recibido un nombre el mismo concepto), entonces es cuando aprendes a disfrutar del juego, aprendes a cómo trabajar en el mundo de los negocios… no significa rendirse o tirar la toalla, significa que estás cediendo esa ventaja con la que hasta el momento habías jugado.

A partir de ahora ya no tienes que seguir exprimiendo el éxito profesional porque ya no estás tan ocupado identificándote con la concepción aislada de ti mismo, no necesitas seguir probando una y otra vez que eres adecuado, que eres bueno, que eres capaz de acumular más… ese viaje del individuo separado ahora empieza a inclinarse hacia la parte de tu ser que se indetifica con la totalidad. Tus acciones pasan a originarse en un lugar mucho mas interesante, ahora provienen de la unión de las fortalezas de tu ser.

Porque tú y yo somos humanos, y lo que la humanidad representa es esa tensión creativa entre nuestra humanidad animal y lo que podríamos llamar esa conciencia espiritual o divinidad, y sólo siendo capaces de mantener ese equilibrio, haciendo honor a ambas partes, conseguiremos que el juego siga siendo interesante.

Cualquier atajo no deja de ser un «esa pieza de carne es tuya o es mia» y un lamerse de pezuñas. Si estás en el siguiente nivel, el trabajo comienza en tu propia cabeza, ya no consiste en manipular el exterior que te rodea… todo comienza reordenando los muebles ahí arriba y trabajando tu «identificación».

[traducción libre de la transcripción de un fragmento de la conferencia Más Allá del Éxito – Beyond Success by Ram Dass 1987]

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Crecimiento personal

Mi locura soñada

Hace un tiempo comenté por aquí que me gustaría irme a vivir a un pueblo tipo Manzanares El Real y así finalmente escapar de la contaminación de este Madrid en el que he vivido prácticamente toda mi vida a excepción de cinco maravillosos años que pasé en Albacete.

Durante estos meses de confinamiento y baja polución los madrileños hemos podido descubrir el auténtico cielo de Madrid… que nada tiene que ver con la boina marrón que me encuentro cada fin de semana a la vuelta de mis visitas a la sierra.

Sin ir más lejos este sábado fui con mis peques a La Pedriza que estaba hasta los topes, todos los parkings estaban llenos así que tuvimos que callejear e invadir la tranquilidad de los locales… mientras que buscaba con desesperación donde aparcar una señora me empezó a gesticular de manera muy airada con cara de pocos amigos… pero como tenía el día simpático avance hasta ella y bajé la ventanilla.

  • ¡Que te has metido por prohibida! – me gritó
  • ¿¡Pero qué me dice?! – le contesté con una sonrisa.
  • ¡Si es que no miráis! ¡No miráis! ¡Te has dejado atrás la señal de prohibido… pero os da igual! – continuo bastante exaltada.

La señora tenía más razón que un santo, si bien en mi defensa diré que todos los coches estaban aparcados en sentido contrario al de la calle y eso me despistó.

Para empatizar con la señora utilicé una técnica que casi nunca falla: verbalizar exactamente lo que está pensando la persona, pero no se atreve a decir por miedo a ser irrespetuosa:

  • Desde luego, pensará Usted que hemos venido los de la capital a invadirles el pueblo: ¡con lo tranquilos que estaban!

Por alguna razón esto a la gente le relaja enormemente.

En el famoso libro de negociación «Never Split the Difference» a esta técnica Chris Voss la llama «labeling» (etiquetar): cuando etiquetamos una emoción o un pensamiento negativo ajeno que no ha aflorado todavía a la superficie disipamos de golpe la tensión… aunque parezca extraño.

La señora se desinfló como un globo:

  • Si ya sé que se está muy bien aquí en la Sierra, pero es que no cabemos más…

Así que nada, tras una risas, tiré marcha atrás con el coche, conseguí aparcar en otro sitio y pude disfrutar de una maravilloso día que nos regaló imágenes como esta:

No necesito vivir en el campo y tirarme dos horas en la carretera todos los días, puedo vivir en la ciudad y seguir disfrutando de poder ir andando a la oficina y los fines semana si me apetece irme a la montaña a limpiar los pulmones.

Viviendo en Madrid puedo escapar a las afueras, pero si viviera en la Sierra: ¿a dónde escaparía?

Hay muchas cosas que se pueden disfrutar sin tener que poseerse.